domingo, 11 de marzo de 2012

Condición humana, derecho a la rebelión y alternativas post-capitalistas

Condición humana, derecho a la rebelión y alternativas post-capitalistas

Radio Guiniguada / Rebelión

Jornadas Internacionales “Situación en el mundo del derecho a la Rebelión”. Sta. Cruz de Tenerife, 28 y 29 de octubre. Organiza: “Red Canaria por los Derechos Humanos en Colombia”. (Audio recogido por Radio Guiniguada y transcrito por Rebelión)



Cuando hablamos de condición humana no hablamos naturalmente de naturaleza humana. La condición humana consiste precisamente en que esas criaturas que llamamos seres humanos tengan, al mismo tiempo, un pie en la naturaleza y un pie en otro sitio que podemos llamar –quizás- humanidad, de manera vaga o borrosa.
Esa humanidad se define básicamente por su carácter limitado. En términos filosóficos, la humanidad está marcada por el signo de la muerte, por el carácter finito de la corporeidad, y está marcada también por toda una serie de facultades igualmente finitas que hemos asociado, mientras ha durado el Neolítico, recientemente terminado, con ese período histórico o con esa estación en la cual, diría yo, todavía podemos hablar de condición humana.
Frente a la condición humana, lo que caracteriza al capitalismo -voy a abordar el tema casi como una aparente paradoja- es una rebelión. Es una rebelión de hecho. Lo que hace el capitalismo, en efecto, es rebelarse permanentemente contra los límites de la condición humana; contra los límites que atañen a ese pie que tenemos posado en la naturaleza y también contra los límites que definen ese otro pie que tenemos más bien posado en la humanidad, en estas tres cualidades finitas de las que hablaré a continuación.
Rebelión contra los límites, una locomotora sin freno de emergencia, como gustaba de repetir Walter Benjamin; lo cierto es que el capitalismo consiste íntimamente en estar permanentemente superando todos aquellos limites naturales, éticos, materiales, sociales, culturales, mediante los cuales los seres humanos han tratado de definir su estancia provisional en esta Tierra.
Se puede hablar, a finales del siglo XX y principios del siglo XXI de una guerra contra la condición humana por parte de un capitalismo que empieza, como he escrito en algunos libros, por no reconocer ninguna diferencia entre las cosas de comer, las cosas de usar y las cosas de mirar, eso que los latinos llamaban mirabilia, las “maravillas”, las cosas dignas de ser miradas.
El capitalismo no reconoce esa diferencia que, de alguna manera, ha caracterizado a todas las sociedades humanas anteriores, incluso las peores, incluso las más feroces, incluso las menos justas –y casi ninguna ha sido apenas justa en los últimos 15 mil años-; en todo caso, todas las sociedades anteriores a la sociedad capitalista distinguían convencional o culturalmente entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar. Distinguían entre un mendrugo de pan o una manzana, cuya función básica es la de reproducir los ciclos biológicos, eso que para los griegos era el infierno mismo, lo apeiron, lo que no tenía límites, que representaban a través de toda una serie de castigos infligidos en el Hades a los héroes que habían cometido un “exceso” y a los que se obligaba a rodar permanentemente dentro de una rueda, a conducir una y otra vez una piedra hasta la cumbre de una montaña, a tratar infinitamente de alcanzar un alimento que escapaba al apetito, o llenar inútilmente una vasija sin fondo. Eso es lo que caracteriza a las cosas de comer. No podemos comer una sola vez, volvemos a tener hambre. Y cuando tenemos hambre tenemos que encontrar algo que introducir en nuestro cuerpo, por debajo de los ojos, algo que, por tanto, en la misma medida en que cumple su función biológica, desaparece de la vista, desaparece radicalmente de la vista. Digamos que el hambre es una guerra contra la consistencia de los vegetales, de los cuerpos, de las cosas mismas. Es una guerra en cuyo comportamiento, en cuyo funcionamiento, podemos leer precisamente aquello en lo que consisten las guerras. Las guerras alimentan otras guerras, sirven básicamente para reproducir ese ciclo infernal en el que la vida y la muerte se suceden a toda velocidad. El hambre es rápida, el hambre es mortal, el hambre es destructiva y las cosas de comer, por tanto, no resisten frente a nuestra mirada, no son consistentes, no se las puede apenas analizar, apenas asir con las manos, porque pasan a formar parte enseguida de nuestro cuerpo.
Las cosas de usar son aquellas que sirven precisamente como mediaciones para introducir otros efectos en el mundo. Son aquellas cosas mediante las cuales nos separamos de la naturaleza para volver sobre ella transformándola, desde las herramientas hasta una silla en la que nos sentamos, que cumplen una función. Lo que caracteriza a las cosas de usar es que, al mismo tiempo que resisten el embate del hambre, se sostienen en el mundo más tiempo que las cosas de comer. Sin embargo, acaban degradándose, porque son corruptibles, y volviendo a la naturaleza de la que habían sido extraídas mediante el trabajo humano.
Y, finalmente, tenemos las cosas de mirar, las cosas dignas de ser miradas, las maravillas, las mirabilia. Todos los pueblos de la Tierra, antes del establecimiento de una sociedad de destrucción generalizada de seres humanos y de cosas, han dejado al margen de los procesos biológicos de la alimentación y del uso una serie de objetos privilegiados, que podían ser objetos de culto, objetos artísticos, objetos estéticos que, como decía Levi Strauss, sólo eran buenos para pensar, o sólo eran buenos para ser mirados. Desde una catedral hasta un paisaje, pasando por esas estrellas que titilan azules en el cielo. Todas estas cosas, en realidad, no son buenas sino para pensar, para mirar, para mirarlas todos juntos, para hacer ese ejercicio de simbolización sin el cual la existencia humana no se distinguiría en nada de la de los animales.
Y el capitalismo lo que ha hecho ha sido, de alguna manera, borrar todas las diferencias entre las cosas de comer, las cosas de usar y las cosas de mirar, para convertirlas a todas por igual en cosas de comer, en alimentos, en consumibles. Porque lo que realmente quiere decir consumo es eso, consumo quiere decir destrucción, y destrucción por el fuego, por el fuego de la digestión, por el calor ininterrumpido de la digestión. Y plantearse por tanto hablar en términos elogiosos de una sociedad de consumo, proponer como modelo habitable para la humanidad una sociedad de consumo, es proponer un modelo de sociedad de digestión ininterrumpida, de destrucción generalizada. Nos comemos todas las cosas por igual, ya se trate del pan, las manzanas, las sillas, las lavadoras, las televisiones, los paisajes, las estrellas y las imágenes de todas estas cosas también nos las comemos a una velocidad creciente en el marco de eso que se llama libre mercado o circulación de las mercancías. Y eso quiere decir que, por primera vez en la historia, el ser humano vive no ya en una sociedad sin hierro, o en una sociedad sin petróleo, o en una sociedad sin alguna de estas materias que han servido para definir los distintos períodos por los cuales ha atravesado la humanidad. Lo que caracteriza por primera vez a la historia humana es que la sociedad capitalista, y va a parecer una contradicción, es la primera de la historia sin cosas. La sociedad capitalista, que se quiere presentar autopublicitariamente como una sociedad de máxima abundancia, es, sin embargo, la primera sociedad de la historia que no tiene propiamente cosas. Y no tiene propiamente cosas porque, precisamente, allí donde toda la actividad posible en el marco de esa sociedad se reduce a la digestión ininterrumpida, no puede cumplirse ninguna de esas condiciones que caracterizan a las cosas.
¿Qué es lo que caracteriza a las cosas? Básicamente tres datos: las cosas están paradas, están quietas, y además sirven para que nos paremos; sirven precisamente para que les prestemos atención, como ocurría en ese último cuento que escribió Kafka, “Josefina la cantante”, en el que una rata que emitía un chillido exactamente igual al de todos sus congéneres, de pronto se paraba en uno de los corredores por los que se precipitaba el pueblo de los ratones, tratando de cerrar grietas por las que se pudiera colar una amenaza, acumulando alimentos, imagen perfecta de lo que son los ciclos biológicos de la reproducción, de lo que son los ciclos del hambre y de la guerra; de pronto Josefina la cantante se detenía en un rincón y emitía lo que ella creía que era un bellísimo canto de cantante lírica, que no se distinguía en nada, en cualquier caso, de los chillidos que emitían todos los ratones, pero que servía precisamente para que los ratones, incluso poniendo en peligro su existencia, se parasen. Cuando escuchaban a Josefina la cantante, todos dejaban de hacer lo que estaban haciendo, incluso poniendo en peligro probablemente la supervivencia del pueblo de los ratones, para formar un corro en torno al cuerpo de Josefina, que abombaba el pecho para emitir lo que a ella le parecían coloraturas de bel canto irresistibles, pero que no eran más que chillidos de ratón. Las cosas sirven precisamente para detenernos, están paradas; duran lo suficiente como para que podamos mirarlas; duran lo suficiente como para que resulten interesantes.
Flaubert decía: “Basta mirar una cosa fijamente para que se vuelva interesante”. El problema es, precisamente, que el capitalismo impide mirar fijamente nada. Y por lo tanto esta primera característica de las cosas, ha quedado abolida por la propia velocidad de la renovación de las mercancías.
La segunda característica de las cosas es que son archivos materiales de memoria y manuales de instrucciones. Yo creo que esto es muy importante, el hecho de que todo objeto manufacturado incluye una historia, nos cuenta el cuento, por ejemplo, de cómo ha sido hecho. Nos lo puede contar bien o mal. Por eso Marx hablaba de fetichismo de la mercancía: a veces las cosas nos engañan; nos hacen creer que han sido hechas en unas determinadas condiciones cuando en realidad han sido hechas en otras condiciones. Por eso la obligación de un sociólogo, sobre todo, de un sociólogo marxista, es justamente la de contar bien la historia de las cosas, la de reproducir su genealogía. Pero nos cuentan una historia. Todo objeto es un cuento que se puede memorizar. Es algo así como el pasado delante de nuestros ojos, ese trabajo muerto materializado con características particulares que lo distinguen de otros objetos en el mundo, que sirve para determinadas cosas y no para otras, y que, además de contarnos una historia, incluye algo así como un manual de instrucciones. Si desapareciese la humanidad, y sólo quedase una silla, y bajasen extraterrestres cuyo cuerpo no exigiese el uso de sillas, podrían perfectamente reproducir más sillas a partir de un solo modelo de silla sin necesidad de recurrir a las instrucciones de IKEA. Una silla, un objeto, es un cuento, una historia que incluye también un manual de instrucciones.
Alli donde la propia circulación acelerada de las mercancías no nos permite –remedando una famosa frase de un filósofo griego- “sentarnos dos veces en la misma silla”, porque inmediatamente ha sido sustituida por otra, presuntamente mejor, de otra marca, de otro color, la propia memoria material de la humanidad ha sufrido un menoscabo sin precedentes.
Y la tercera característica de las cosas, sin la cual no podemos llamar cosa a ninguna criatura de este mundo, es precisamente el hecho de que, por mucho que duren las cosas, por mucho que las reparemos, por muchos parches que les pongamos, tarde o temprano, las cosas se rompen, y cuando se rompen no se las puede sustituir o rehacer en ningún mercado. Son cuerpos, los cuerpos son frágiles, los cuerpos son finitos, los cuerpos son mortales y, tarde o temprano, se mueren. Y por lo tanto, también los seres humanos somos cosas. Hablaré al final, en el capítulo de las alternativas postcapitalistas, de lo que significa el hecho de que los seres humanos también seamos cosas en este sentido, por mucho que una sociedad fundada básicamente en la rebelión contra los límites, esté permanentemente generando la ilusión subjetiva de que siempre va a haber una prótesis que nos va a permitir sobrevivir a un accidente de tráfico, o un medicamento maravilloso que nos va a salvar in extremis de alguna enfermedad mortal, o alguna crema taumatúrgica que nos va a mantener permanentemente jóvenes. Envejecemos. Sabemos que envejecer en la sociedad capitalista está prohibido. Sabemos que, en cualquier caso, la vejez es algo que siempre ha servido a los seres humanos para tener especial cuidado con las cosas. Y, por tanto, una sociedad capitalista que consiste en reproducir, cada vez más aceleradamente, las mercancías, generando la ilusión de inmortalidad, es una sociedad sin cosas.
Que vivamos en una sociedad sin cosas significa –y por eso hablaba de una agresión sin precedentes contra la condición humana-, hablar de un mundo sin cosas es hablar de un mundo sin mundo, es hablar de un mundo sin seres humanos propiamente dichos. Los seres humanos han sido privados de las tres facultades que caracterizaban su estancia en este mundo durante los últimos quince mil años, es decir, una razón finita, una imaginación finita y una memoria finita. Colapsadas esas tres facultades, podemos decir que estamos viviendo ya en algo así como una condición post-humana. Habrá que preguntarse si es mejor o si es peor. Pero a mí no me cabe la menor duda de que estamos cruzando el umbral hacia una condición post-humana, en el sentido en que hemos podido definir a la humanidad durante al menos quince mil años.
El capitalismo como rebelión contra los límites es, por lo tanto, una maquinaria destructiva de las tres facultades que han caracterizado al ser humano, a la condición humana. Podemos hablar de un naufragio del ser humano, de un naufragio antropológico sin precedentes del ser humano. El colapso de estas tres facultades hace que cada vez sea más difícil analizar el mundo en el que vivimos mediante eso que hemos llamado razón, que es un recorrido vertical de lo particular a lo universal; hace que sea cada vez más difícil recordar con el cuerpo, que es lo que llamamos imaginación, el dolor de los otros; y hace que sea cada vez más difícil el conservar suficiente memoria como para contarnos a nosotros mismos cómo se producen las cosas, quién las produce, dónde las produce y con qué coste se producen.
Por lo tanto, sin razón, sin memoria y sin imaginación, no se trata ya de que a través de manipulaciones se nos ofrezca un mundo falseado en el que no nos reconocemos, o frente al cual nos mostramos indiferentes. Podemos decir que, colapsadas estas tres facultades, vivimos en un mundo antropológico post-humano, en el que la solidaridad ha sido radicalmente imposibilitada, en el que la producción de símbolos ha sido radicalmente imposibilitada y en el que vivimos por tanto en una náufraga deriva, en la que es casi estructuralmente imposible organizar o articular alternativas o resistencias colectivas.
Dejamos aquí lo que se refiere a la condición humana para pasar a definir lo que yo entiendo por el derecho a la rebelión. Y aquí se conjugan dos elementos, derecho y rebelión, que convendría explicar bien, porque en general en la tradición marxista se entiende que el derecho es algo así como un epifenómeno burgués de un determinado régimen de producción, de manera que rebelarse implicaría, de alguna manera, rebelarse contra el derecho. Yo creo que esta es una gravísima equivocación.
Creo que si el capitalismo consiste en una rebelión contra los límites, el derecho consiste en una rebelión contra la rebelión capitalista, es decir, en una tentativa, siempre, al menos desde hace dos mil quinientos años, en una tentativa de establecer límites allí donde precisamente se invoca algo así como una ley de la naturaleza, que tiene mucho que ver con el hambre, con la guerra y con el comportamiento íntimo del capitalismo, de todos los regímenes de producción material sin duda el más natural, porque es precisamente el que más recuerda a la reproducción de los ciclos biológicos; es el que más claramente reduce todos sus recursos a la monda reproducción de los ciclos biológicos, del infierno griego. Es el más natural de los regímenes de producción porque precisamente es el menos humano de todos ellos. Es el que mejor copia los comportamientos que identificamos con la reproducción de los puros ciclos biológicos.
Y, por lo tanto, diría yo que el derecho a la rebelión es el derecho precisamente a oponerse a la ley de la naturaleza para establecer límites que propiamente podamos llamar derecho. Yo creo que es importante recordar en términos históricos uno de los puntos donde empieza esta aventura. No es el único, porque en otras sociedades, en otras culturas ha empezado desde otro lado, se ha empezado a pensar esto por otras vías, en otras condiciones, pero digamos que nuestro punto de origen está en la antigua Grecia. Y es importante recordar cómo interpretaba, en un famoso diálogo de Platón, Calicles frente a Sócrates el término de ley.
Calicles dice: “Según yo creo, la naturaleza misma demuestra que es justo que el fuerte tenga más que el débil, y el poderoso más que el que no lo es. Y lo demuestra que es así en todas partes, tanto en los animales como en todas las ciudades y razas humanas, el hecho de que de este modo se juzga lo justo: que el fuerte domine al débil y posea más. En efecto, ¿en qué clase de justicia se fundó Jerjes para hacer la guerra a Grecia, o su padre a los escitas e igualmente otros infinitos casos que se podrían citar? Sin embargo, a mi juicio, estos obran con arreglo a la ley de la naturaleza. Sin duda, no con arreglo a esta ley que nosotros establecemos, por la que modelamos a los mejores y más fuertes de nosotros, domándolos desde pequeños como a leones, y por medio de encantos y hechizos los esclavizamos, diciéndoles que es preciso poseer lo mismo que los demás y que esto es lo bello y lo justo”.
Como vemos es una respuesta clara a Sócrates. Sócrates había alzado la mano contra esta lógica en una asamblea diciendo que siempre es mejor sufrir una injusticia que cometerla. Y había pretendido demostrar que lo justo y lo bello coincidía en un punto donde, precisamente, los seres humanos, allí donde están tranquilos, se prohibían a sí mismos tomar ciertas decisiones. Y que la libertad consistía precisamente en prohibirse a sí mismos tomar ciertas decisiones.
Me explico: esto tiene que ver con los procesos constituyentes, con las constituciones y con las verdaderas leyes. Luego están las falsas leyes, mediante las cuales, en efecto, los leones devoran a los corderos.
Pensemos en un famoso episodio de la Guerra del Peloponeso que nos cuenta Tucídides, en el que los atenienses se reúnen en asamblea democrática para decidir si deben ejecutar a todos los habitantes de la ciudad de Mitilene, que había luchado al lado de Esparta, y esclavizar a sus mujeres y a sus niños. Yo no sé si alguien puede considerar una decisión democrática aquella que consiste en pasar a cuchillo a hombres y esclavizar a mujeres y niños. Y, sin embargo, era una asamblea en la que todos podían levantar la mano y tomar una decisión. Y cuando en esta discusión toma la palabra uno u otro de los defensores de cada una de estas posiciones, lo hacen en nombre de lo conveniente para Atenas.
¿Qué es más conveniente para Atenas? ¿Qué pasemos a cuchillo a todos los hombres y esclavicemos a todas las mujeres y niños o que les perdonemos la vida y tratemos de convertirlos en aliados, o solamente los convirtamos en esclavos? En todo caso, el concepto era este de conveniente. Y es ahí, en esa época, cuando Sócrates levanta la mano para decir: no se trata de pensar qué es lo conveniente, sino lo justo.
Y lo justo es precisamente algo que los seres humanos han decidido ya en condiciones que no pueden ser las de la guerra. En la guerra decidimos cosas que no son justas. Por eso no conviene dar la voz a las víctimas; por eso, naturalmente, el derecho consiste básicamente en no dejar que las víctimas se tomen la justicia por su mano. En que además la víctima no decida qué es lo justo y qué es lo injusto, porque probablemente no va a decidir bien.
¿En qué consiste precisamente eso que llamamos derecho? Yo creo que consiste en haber tomado ya siempre ciertas decisiones mediante las cuales, libremente, nos prohibimos ciertas cosas. Por ejemplo, nos prohibimos pasar a cuchillo a poblaciones enemigas; nos prohibimos esclavizar a otros seres humanos; nos prohibimos la tortura; nos prohibimos toda una serie de comportamientos que, en efecto, erosionarían la propia condición humana.
¿En qué consiste el capitalismo? El capitalismo consiste, como he dicho en la primera parte de mi intervención, en un permanente proceso constituyente. Un permanente proceso constituyente es un permanente proceso destituyente. Y en un proceso destituyente, siempre en rebelión contra los límites, es muy necesario establecer límites. Y el establecimiento de esos límites pasa por el hecho de que en una constitución, por ejemplo, nos prohibamos ciertas cosas. Nos prohibamos esencialmente el canibalismo, el comernos los unos a los otros.
El capitalismo es absolutamente incapaz de ponerse límites a sí mismo, y por eso el capitalismo es incompatible con el derecho; con esa combinación de democracia y de derecho que llamamos Estado de derecho. La ley de la naturaleza, la ley de la guerra, la ley del hambre, la ley de los procesos permanentemente destituyentes es incompatible con el establecimiento de eso que los corderos reclaman a los leones, de eso que los débiles exigen a los fuertes.
Y yo creo que es muy importante entender eso que nos explica indirectamente Calicles, en disputa con Sócrates; es decir, el hecho de que, en efecto, el derecho es algo que han hecho los débiles para que no se los coman los fuertes, que el derecho es algo que han hecho los corderos para que no los devoren los leones.
Naturalmente sabemos que vivimos en un mundo muy duro en el que casi siempre ha ocurrido esto –bajo el capitalismo, por razones particulares-, en el que esos límites no limitan nada o casi nada, se convierten en puros flatus vocis, en puras fórmulas verbales, en instituciones ineficaces, incapaces de imponer esos límites a los leones, de imponer esos límites a los poderosos.
En cualquier caso, conviene recordar una y otra vez que no se trata de rebelarse contra el derecho, sino de reconocer más bien que la rebelión es la fuente de todo derecho. La rebelión contra la naturaleza, la rebelión contra los leones, la rebelión contra los poderosos, es la fuente de todo derecho. Y si finalmente los poderosos no cumplen las leyes, no se ajustan a los límites que les han impuesto los débiles rebelión tras rebelión, eso no debe impedirnos reconocer que esas leyes, esos derechos, no los ha producido el león. Los hemos producido nosotros, en rebelión contra los leones. En rebeliones sangrientas, que han costado muchas vidas humanas a lo largo de los siglos. No es verdad que el derecho al voto sea un instrumento de dominio de la burguesía. Lo cierto es que el derecho al voto se lo ganaron los revolucionarios franceses con las armas en la mano, y no fue una concesión que hicieron los poderosos a los débiles. Fue más bien todo lo contrario: fueron los débiles armados los que hicieron esa concesión a los poderosos.
Y lo que hay que recordar siempre es que detrás de un derecho, de una verdadera ley, hay un pueblo virtualmente armado. Y si no lo hay, no es una verdadera ley y no es verdadero derecho.
Yo creo que eso es fundamental recordarlo. Yo estoy enteramente de acuerdo con una gran historiadora francesa, Florence Gautier, que es quizá la mejor conocedora de Robespierre y de su legado. Como sabéis, Robespierre en la Constitución de 1793 fue mucho más lejos que las frases que hemos leído en esta sala tomadas del Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Porque no se limitó a reconocer que en un caso extremo se tenía el derecho a la rebelión. Robespierre, en el año 1793, en esa maravillosa constitución que nunca entró en vigor porque Thermidor se lo impidió, decía cosas como esta:
Toda ley que viola los derechos imprescriptibles del hombre es esencialmente injusta y tiránica. No es de ningún modo una ley”.
Yo creo que esto es muy importante, para no equivocar ley con derecho, para no equivocar lo que es una manipulación del derecho interesada por parte de los leones con lo que es verdaderamente una ley. En esto, además, Robespierre es enteramente ilustrado. Kant lo demuestra en páginas bellísimas, demuestra cómo solamente las leyes que cumplen ciertas condiciones formales son verdaderamente leyes.
Dice por tanto que una ley que viola los derechos imprescriptibles del hombre no es de ningún modo una ley. Y dice también:
“La resistencia a la opresión es la consecuencia de los demás derechos del hombre y del ciudadano. Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido; hay opresión contra cada uno de los miembros del cuerpo social cuando el cuerpo social es oprimido. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo y para cada porción del pueblo el más indispensable de los deberes”. No dice el más indispensable de los derechos; dice de los deberes. Es un imperativo, un imperativo casi moral, como el de Kant. Allí donde las leyes no son leyes, donde las leyes violan los derechos imprescriptibles del ser humano, la rebelión no es un derecho, sino un deber.
Y como me queda muy poco tiempo y quería decir algo acerca del último punto del que me correspondía hablar, el relativo a las alternativas post-capitalistas, resumiré muy rápidamente.
Como he escrito otras veces, teniendo en cuenta las características de este capitalismo en permanente rebelión contra los límites, una sociedad post-capitalista debe surgir de un triple impulso: debe ser un impulso revolucionario en lo económico; reformista en lo institucional y conservador en lo antropológico. Muy brevemente, haré algunas indicaciones de qué entiendo por cada una de estas cosas.
Con el primer punto creo que estamos todos de acuerdo, y tal como he definido el capitalismo muy rápidamente, como ese tren desbocado sin freno de emergencia, el capitalismo no es reformable. El capitalismo no admite reformas. Precisamente porque es una revolución permanente, porque es un proceso constituyente-destituyente ininterrumpido en el que lo originario ontológicamente es siempre el residuo, el cadáver, la destrucción. Y, por lo tanto, la única forma de establecer precisamente un mundo , una sociedad, unas instituciones reformables, es la de radicalmente transformar el capitalismo en otra cosa. El capitalismo, por mucho que nos pretendan engañar, no puede reformarse a sí mismo; solamente puede afirmarse a sí mismo a escala ampliada y, por lo tanto, con una escala de destrucción siempre mayor.
Precisamente, una sociedad que se ha librado ya del tren desbocado sin freno de emergencia a través de una revolución económica, es por primera vez una sociedad en la que las instituciones pueden ser el resultado de decisiones libres, tomadas en condiciones de tranquilidad, al margen de la guerra, al margen de la necesidad de la reproducción de los ciclos biológicos y en la que, por tanto, yo creo que debemos salvar gran parte del bagaje que muchos marxistas llaman derecho burgués. Yo creo que no hay más alternativa al derecho que el no-derecho; creo que no hay más alternativa al habeas corpus que la tortura y la indefensión; creo que no hay más alternativa a la división de poderes, no importa cuántos sean estos –porque en la constitución bolivariana hay más de tres y podemos inventar muchos más- que la voluntad schmidtiana que domina soberanamente el mundo decidiendo sobre la vida y la muerte de los seres humanos. Por lo tanto, lo que hay que hacer es recuperar ese legado que ha nacido en condiciones burguesas, como el teorema de Pitágoras nace en condiciones esclavistas, para que, por primera vez, sea de aplicación universal y real, en un marco en el que, también por primera vez, estas instituciones sean reformables. Porque lo que caracteriza a las instituciones, como a las cosas de usar, es que su vida no es eterna.
Digamos que los comunistas, los marxistas, debemos dedicarnos a interpretar o intervenir en el mundo de tal manera que nos situemos permanentemente entre el peligro de la biología, que es el del capitalismo, y el peligro de la arqueología, el peligro del anquilosamiento o fosilización de las instituciones, que originalmente pueden ser liberadoras pero que pueden tornarse represivas. Y, por lo tanto, estas instituciones deben ser objeto de reforma allí donde estén en peligro de fosilizarse. Por lo tanto, insisto, el impulso emancipatorio debe ser institucionalmente reformista.
Y, finalmente, debe ser conservador en lo antropológico. Hemos empezado por describir un mundo que, bajo el embate del capitalismo, se deshacía de estas tres facultades finitas que habían caracterizado la estancia del ser humano en el mundo, la estancia del ser humano en sociedad, y sabemos hoy mejor que en tiempos de Marx, que en su rebelión contra los límites, uno de los límites que primero cuestiona y que ahora mismo está más claramente cuestionado es el límite precisamente natural. El límite impuesto por la finitud, no ya de los cuerpos humanos, sino de la fuente de todos los bienes, que es la naturaleza. Hay que recordar que Marx, que no vivía en una sociedad en la que hubiera un grado de destrucción ecológica como el que conocemos hoy, recordaba en su Crítica al Programa de Gotha que la fuente de toda riqueza no es el trabajo, sino la naturaleza. La naturaleza en estos momentos está amenazada como nunca, entre otras razones porque hemos olvidado, como decía al principio, que somos seres mortales que dependemos de una naturaleza que, paradójicamente, ha acabado por depender de nosotros.
Conservadores antropológicos quiere decir, por tanto, conservadores de ese límite que nos impone la naturaleza, pero quiere decir también conservadores de los cuerpos, que se caracterizan por ser frágiles.
Esto quiere decir que la Ilustración, que yo siempre he defendido, debe considerar dos aspectos: uno, el hecho de que somos sujetos de razón; y el otro, el hecho de que la razón no se proporciona sus propios contenidos. Uno de los contenidos con los que limita la razón es, precisamente, el hecho de que somos cuerpos, el hecho de que nos vamos a morir. Y, por tanto, la necesidad de cuidarse recíprocamente. Somos sujetos de razón y somos objeto de cuidado.
En este sentido, una sociedad post-capitalista tiene que articular todas las instituciones y mecanismos que garanticen que los cuerpos van a ser objeto de cuidado. Esto naturalmente implica una revolución económica que, al mismo tiempo que garantiza ciertos servicios públicos, en términos de educación, de sanidad, etc, garantiza también un universo antropológico en el que los seres humanos podamos mirarnos los unos a los otros, discutir como sujetos de razón, pero cuidarnos también como frágiles objetos de cuidados.
Muchas gracias..

lunes, 1 de noviembre de 2010

Buena Ciencia y malas aplicaciones


El gran postulado de esta filosofía es que la «ciencia» es cultural, social y políticamente neutral. (...). En otras palabras, la ciencia en cuanto tal, nada tiene que ver con el dominio de los valores. Es sólo el uso que se hace de ella lo que la convierte en buena o mala, uno de los lemas fundamentales de todos los defensores del cientificismo, sean de izquierdas o de derechas. La «ciencia» es intrínsecamente pura, sólo sus utilizaciones pueden ser impuras.
Así Joe Metzger cita favorablemente una conferencia de Roux sobre Ciencia y cultura humanista, «En general, son ciertas aplicaciones de la ciencia y no la ciencia misma lo que está en tela de juicio». Tranquilicémonos. Si se producen errores, éstos nada tienen que ver con la naturaleza de la ciencia, (es decir de la ciencia occidental). Un director de investigaciones en el CNRS, Paul Caro, desarrolla la misma concepción de la ciencia «Es una maquina, no se puede juzgar su acción, todo depende del uso que hacemos de los órganos que crea para nosotros» (Le Monde Domingo, 24 de febrero de 1980). En cuanto a Jean Hamburge, su razonamiento es análogo. Hay que considerar como neutrales (declara en su libro "Demanin, les autres", Flammarion, 1979) no solamente el progreso científico sino también el progreso técnico, puesto que constituye un error «"confundir el progreso científico o técnico con el uso que se hace de él". O también, "No, lo inhumano no es la ciencia, ni siquiera la tecnología, sino como los hombres las utilizan».
Este punto de vista parece particularmente audaz, pues el progreso técnico significa por ejemplo la producción de armas más perfeccionadas y eficaces. Habría que admitir pues el hecho de poner a punto nuevas bombas y nuevos cohetes, granadas y nuevos gases de combate, etc., nada tiene que ver en si mismo con su utilización posterior.
El progreso técnico es neutral, como dirían los auténticos científicos, en el fondo de una variable independiente. De lo que se deduce que la sociedad, no está verdaderamente implicada en el desarrollo tecnológico. Éste sigue su camino de manera autónoma. Produciendo indistintamente vacunas y «sueros de la verdad», bombitas y dispositivos electrónicos diversos, técnicas de condicionamiento y aviones supersónicos, centrales nucleares y ordenadores, abonos y submarinos atómicos. Lo único que socialmente suscitaría algunos problemas, sería el modo de utilización.
Reconozcamos que esta filosofía puede presentar argumentos. Y hacer valer, por ejemplo, que los numerosos cientificos y técnicos que crearon las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki eran sólo los agentes neutrales del "progreso científico y técnico". Ellos no pidieron que las bombas se utilizaran, pero ocurrió, fue porque así lo decidieron los políticos. Así pues, si se apreciara en este asunto algún error o falta, seria a estos últimos a los que habría que hacer responsables (Para simplificar, dejo famosas cartas que Einstein envió a Roosevelt en 1939 y 1940).

Por mi parte, considero que esta manera de plantear el problema engendra una temible confusión. Si se trata de decir sólo que los científicos y los técnicos, en tanto que individuos, carecían de "malas" intenciones, estoy de acuerdo. Pero creo que el fondo de la cuestión está en otra parte. No concierne tanto a las subjetividades de ciertos individuos, como a la significación misma del "progreso científico y técnico". Ahora bien, el argumento de las malas utilizaciones lleva sobre todo a disimular las conexiones existentes entre este progreso y el desarrollo social, considerado en su conjunto. Se mire como se mire, resulta artificial hablar de la ciencia y de la técnica, como si fueran trascendentes a la sociedad, como si obedecieran a una especie de lógica interna totalmente independiente de los factores externos (es decir, económicos, políticos, culturales, etc)....


"no solo la ciencia y la técnica están en la sociedad, sino que la sociedad está presente en la empresa científica y técnica"

Pierre Thuillier

martes, 17 de agosto de 2010

“Deformaciones similares a las de embriones humanos”

Nota tomada de Pagina 12 (Por Darío Aranda)

link: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-151480-2010-08-17.html




El glifosato produce malformaciones en embriones anfibios y sus efectos alertan sobre las consecuencias en humanos. Una revista científica acaba de publicar el trabajo del argentino Andrés Carrasco, que estudió el efecto del agroquímico.


“Concentraciones ínfimas de glifosato, respecto de las usadas en agricultura, son capaces de producir efectos negativos en la morfología del embrión (anfibio), interfiriendo mecanismos normales del desarrollo embrionario”, alertó en abril de 2009 el jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA e investigador principal del Conicet, Andrés Carrasco. Fue la primera vez que un estudio de laboratorio de Argentina confirmaba el efecto perjudicial del agroquímico pilar del modelo de agronegocios. Luego del anuncio, Carrasco fue blanco de una campaña de desprestigio por parte de las empresas del sector, medios de comunicación y funcionarios. Aunque el científico aclaró que se trataba de un avance de investigación, el principal cuestionamiento fue la falta de publicación en una revista científica, que –según los sostenedores de los agronegocios y buena parte del mundo académico– sería lo que otorga validez al saber científico. Un año y medio después de aquella alerta, el lunes último, la revista estadounidense Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología) publicó la investigación de Carrasco, donde se confirma que el glifosato produce múltiples malformaciones y, con análisis científicos como prueba, advierte: “Los resultados comprobados en laboratorio son compatibles con malformaciones observadas en humanos expuestos a glifosato durante el embarazo”.
El Laboratorio de Embriología Molecular cuenta con veinte años de trabajo en investigaciones académicas, funciona en el ámbito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y es un espacio de referencia nacional en el estudio científico, conformado por doctores en bioquímica, genética y biología. Durante 30 meses estudió el efecto del glifosato en embriones anfibios y de pollos. “Herbicidas basados en glifosato producen efectos teratogénicos en vertebrados interfiriendo en el metabolismo del ácido retinoico”, es el título de la investigación, que confirma deformidades producidas por el agroquímico en concentraciones de hasta 5000 veces menos que el producto comercial (500 veces menos de las utilizadas en agricultura).
Las diez páginas de la revista científica están plagadas de términos técnicos que, de distinto modo, dan cuenta del efecto negativo del agroquímico: microftalmia (ojos más pequeños de lo normal), microcefalia (cabezas pequeñas y deformadas), ciclopía (un sólo ojo, en el medio del rostro, malformación conocida en clínica médica), malformaciones craneofaciales (deformación de cartílagos faciales y craneales) y acortamiento del tronco embrionario. Y no descarta que, en etapas posteriores, se confirmen malformaciones cardíacas.
“Los embriones más gravemente afectados carecen de ojos y fosas nasales (...) El glifosato interfiere con mecanismos esenciales del desarrollo temprano conduciendo a malformaciones congénitas”, explica la investigación, publicada en la revista científica Investigación Química en Toxicología (Chemical Research in Toxicology), de la Sociedad Americana de Química (ACS, por sus siglas en inglés, entidad con sede en Estados Unidos, que cuenta con más de 160.000 miembros y es una sociedad científica referente a nivel mundial).
Argentina cuenta en la actualidad con 19 millones de hectáreas de soja transgénica, el 56 por ciento de la superficie cultivada del país, y 190 millones de litros de glifosato, donde la marca comercial más famosa es el Roundup, de la compañía Monsanto, que comercializa la semilla de soja resistente al agroquímico. También producen glifosato las empresas Syngenta, Atanor, Dupont y Bayer, entre otras. El químico se utiliza en la producción de arroz, donde también acumula denuncias por sus efectos sanitarios.
El agroquímico tiene la propiedad de permanecer extensos períodos en el ambiente y viajar largas distancias arrastrado por el viento y el agua. Se rocía (vía aérea o terrestre) sobre los campos. Lo único que crece en la tierra rociada es soja transgénica, el resto de los vegetales absorbe el veneno y muere en pocos días. La publicidad de las empresas clasifica al glifosato como inofensivo para al hombre.
“El efecto (del glifosato) sobre embriones abre la preocupación acerca de los casos de malformaciones en humanos observados en poblaciones expuestas en zonas agrícolas”, remarca la revista científica y explica: “Debido a defectos craneofaciales observados en seres humanos de zonas agrícolas decidimos explorar si los genes implicados en el desarrollo de la cabeza son alterados con el agroquímicos. Confirmamos que tanto la marca comercial como el glifosato puro producen defectos cefálicos”.
Los resultados experimentales se realizaron en embriones anfibios y de pollos, modelos tradicionales de estudio en embriología cuando se investigan trastornos en el desarrollo de vertebrados. “Debido a la conservación de los mecanismos que regulan el desarrollo embrionario de los vertebrados, los resultados de ambos modelos (anfibios y pollos) son equivalentes con lo que sucedería con el desarrollo del embrión humano”, explica el profesor de embriología de la UBA e investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
La revista científica señala que se avanzó en un hecho inédito, de particular interés para el ámbito científico, que es vincular las malformaciones con la incidencia del glifosato en el aumento del ácido retinoico (derivado de la vitamina A, normal en todos los vertebrados y esencial para la regulación correcta de los genes involucrados en la vida embrionaria). “Pequeñas variaciones de ácido retinoico producen malformaciones. Nuestro trabajo es la primera evidencia de que las malformaciones producidas por el glifosato se asocian con el ácido retinoico”, explicó Carrasco a Página/12.
Luego de detallar hasta el extremo las formas de cómo se realizaron los análisis, la investigación problematiza los aspectos macro de la problemática argentina: “El modelo agrícola basado en el paquete tecnológico de OMG (Organismos Genéticamente Modificados) en la actualidad se aplica sin evaluación crítica, sin normas rigurosas y sin información adecuada acerca del impacto de las dosis subletales sobre la salud humana y el medio ambiente”.
La investigación –que lleva la firma de todo el equipo científico de Carrasco– recuerda que en la última década varios países de América latina iniciaron estudios sobre las consecuencias ambientales del uso de herbicidas y pesticidas y destaca que en Paraguay un estudio epidemiológico en mujeres expuestas durante el embarazo a los herbicidas confirmó 52 casos de malformaciones.
También remarca que Argentina cuenta con antecedentes que debieran haber llamado la atención de los organismos de control. Destaca el aumento en la incidencia de malformaciones congénitas informado desde hace cinco años por el bioquímico y jefe del Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad Nacional del Nordeste, Horacio Lucero, y la situación del barrio cordobés Ituzaingó Anexo (rodeado de soja y donde se detectaron casos de malformaciones y repetidos abortos espontáneos).
“Estos hallazgos se concentran en familias que viven a escasos metros de donde regularmente se rocían los herbicidas. Toda esta información es extremadamente preocupante por riesgo de inducir alteraciones en la gestación humana”, confirma la publicación internacional, recuerda que la literatura científica ya comprobó que los factores ambientales inciden durante el embarazado y, sobre todo, remarca que “la placenta humana ha demostrado ser permeable al glifosato”.
El trabajo del Laboratorio de Embriología de la UBA hace especial hincapié en el “principio precautorio”, legislado en la Ley Nacional del Ambiente, que insta a tomar medidas protectoras toda vez que existan posibilidades de perjuicio ambiental y sanitario. La investigación de Carrasco, que aporta nuevos elementos de prueba, cuestiona que “a pesar de todas las pruebas reportadas en la literatura científica y las observaciones clínicas en el campo, no se ha activado el principio de precaución con el fin de darse cuenta de la profundidad del impacto sobre la salud humana producida por herbicidas en la agricultura basados en OGM”.
Andrés Carrasco insistió en que su publicación científica es, junto a otros estudios ya realizados, “un alerta que reclama la aplicación del principio precautorio en todo el país” y adelantó a Página/12 que puso su investigación a disposición de las autoridades del Conicet y de los ministros de Salud (Juan Manzur) y Ciencia (Lino Barañao). “Esta investigación, junto con otras ya existentes, deben invitar de forma urgente a un debate abierto a la sociedad con las máximas autoridades –-reclamó–. Es necesario terminar con el silencio, ya que la peor de las situaciones es la negación de lo que está sucediendo en las poblaciones sometidas al impacto de los agroquímicos.”

miércoles, 31 de marzo de 2010

Información y recomendaciones de la Red IPEN sobre nanotecnología y nanomateriales

Nota tomada de la Segunda reunión regional de América Latina y el Caribe sobre el Enfoque Estratégico para la Gestión de los Productos Químicos a nivel internacional Kingston, 8 y 9 de marzo de 2010 Tema 7 a) del programa provisional∗
Nuevas cuestiones normativas: cuestiones normativas anteriores



Nota de la Secretaría
La secretaría tiene el honor de distribuir, en el anexo de la presente nota, documento de información y recomendaciones de la Red Internacional para la Eliminación de los Contaminantes Orgánicos Persistentes (IPEN) sobre nanotecnología y nanomateriales. El documento ha sido preparado por el Grupo de trabajo sobre nanotecnología de IPEN y se distribuye tal como se recibió sin haber sido objeto de edición oficial.

Breves antecedentes sobre nanotecnología y nanomateriales
El taller para América Latina y el Caribe sobre nanomateriales realizado el 7 de Marzo en Kingston, JA, por UNITAR y la OCDE, forma parte de las actividades entre reuniones del Enfoque Estratégico para la Gestión de Productos Químicos a Nivel Internacional (SAICM). El objetivo primordial del SAICM es lograr la gestión racional de las sustancias químicas durante todo su ciclo de vida, y cubre los aspectos ambientales, económicos, sociales, de salud y laborales de la seguridad química, en todas las etapas del ciclo de vida de las sustancias, incluso en los productos.

Qué es la ‘nanotecnología y cómo se utiliza actualmente
El término ‘nanotecnología’ describe los materiales, sistemas y procesos que existen o que operan a una escala extremadamente pequeña: unos pocos cientos de nanómetros (nm) o menos. Para poner un nanómetro en contexto: una cadena de ADN tiene 2,5 nm de ancho, un eritrocito tiene 7,0 nm de diámetro y un cabello humano tiene 80,0 nm de diámetro. Las nanopartículas son productos de nanotecnología de primera generación, partículas extremadamente pequeñas utilizadas por sus novísimas propiedades. Las nanopartículas fabricadas ya forman parte de centenares de productos, entre ellos bloqueadores solares, cosméticos, alimentos, envases de alimentos, prendas de vestir, agroquímicos, catalizadores industriales, etcétera.

La incertidumbre sobre la nanotecnología; falta de intercambio de información
Existe una enorme incertidumbre en lo que respecta al impacto de las nanopartículas en la salud. Hay una variedad de factores que influyen en la toxicidad de las nanopartículas, incluyendo forma y tamaño, composición química y también propiedades de la superficie, como carga, área, reactividad y cualquier revestimiento i. Diferentes formas de nanopartículas de la misma composición química pueden tener toxicidades muy diferentes. La incertidumbre empeora debido a que muchas veces la industria no comparte la información existente. Sin un etiquetado y un registro obligatorios de los nanoproductos, nadie, ni siquiera los gobiernos, sabe cuáles productos contienen nanopartículas. Las encuestas muestran que muchas empresas no realizan evaluación de riesgos ii. También hay una gran incertidumbre acerca de los aspectos sociales, económicos y legales, entre ellos, la responsabilidad, la propiedad intelectual, el derecho de los países a rechazar aplicaciones nanotecnológicas, la capacidad de controlar los riesgos de la nanotecnología, etc.

Las nanopartículas pueden conllevar riesgos graves para la salud y el medio ambiente
Los estudios in vitro (en tubos de ensayo) e in vivo (con animales) han mostrado que las nanopartículas fabricadas, que actualmente tienen un amplio uso comercial, incluyendo el zinc, el óxido de zinc, la plata y el dióxido de titanio, plantean nuevos riesgos de toxicidad iii. Las nanopartículas podrían causar además patologías de largo plazo. Dos estudios separados que se publicaron en 2008 encontraron que ciertos nanotubos de carbón causan una patogenicidad similar a la del asbesto y la aparición de mesotelioma en las ratas de laboratorio iv. Un pequeño número de estudios clínicos sugiere que las nanopartículas y las micropartículas pequeñas que no son metabolizadas, con el tiempo pueden ocasionar granulomas, lesiones, cáncer o coágulossanguíneosv. Algunos sectores del público enfrentan riesgos mayores que otros, entre ellos, los trabajadores que puedan estar sometidos a exposición ocupacional rutinaria a nanopartículas. También hay evidencia de que algunas nanopartículas pueden atravesar la placenta, lo que constituye un riesgo especialmente importante para los embriones en desarrollo vi. Algunas nanopartículas han mostrado tener potencial de biomagnificación y bioacumulación en el medio ambiente.

Científicos y asesores de riesgo de alto nivel llamaron a la precaución
La Real Sociedad del Reino Unido, la más antigua sociedad científica del mundo, recomendó que, nanopartículas deben ser objeto de nuevas evaluaciones antes de ser incluidas en productos dedadas las evidencias que empiezan a surgir en torno a los graves riesgos de nanotoxicidad, las consumovii, las fábricas y los laboratorios de investigación deben tratar las nanopartículas con la presunción de que son peligrosas viii, y la liberación de nanopartículas en el medio ambiente debe evitarse tanto como sea posible ix. Swiss Re, una de las empresas de reaseguramiento más grandes del mundo, advirtió que “cualesquiera que sean las dificultades, debe aplicarse el principio de precaución” x. El año pasado, el Foro Internacional de Seguridad Química (FISQ) –en una resolución adoptada por 71 gobiernos, 12 organizaciones internacionales y 39 ONG– hizo un llamado a que se aplique el principio de precaución en la gestión de las nanotecnologías xi.

La mayoría de los riesgos de la nanotecnología continúan sin regulación efectiva
La inmensa mayoría de los nanoproductos está llegando a los mercados sin ser sometida a una evaluación de seguridad específica para las nanopartículas, o con una evaluación de su seguridad realizada con protocolos de prueba inadecuados o incorrectos. A la inmensa mayoría de los trabajadores que manipulan nanopartículas no se les ha informado de este hecho. No se exige etiquetado para ningún producto que contenga nanopartículas. A medida que sigan ampliándose los usos, inevitablemente la exposición social y ambiental a los nanomateriales también seguirá
creciendo, tanto de forma deliberada como no intencional.

La investigación sobre seguridad en nanotecnología tiene un atraso considerable en relación con el desarrollo y la comercialización de productos
Los esfuerzos internacionales coordinados –tales como el programa de la OCDE sobre patrocinio de nanomateriales– están orientados a una fracción de los nanomateriales ya en circulación o cerca de ser comercializados, y no se espera que entreguen resultados que puedan contribuir a una evaluación de riesgos antes de que transcurran algunos años.

La nanotecnología puede agudizar la inequidad social y económica
Los avances tecnológicos de la década de 1990 no lograron corregir la inequidad socioeconómica mundial; de hecho, la inequidad aumentó en ese período. La nanotecnología no hará nada para corregir las causas sistémicas de la pobreza, el hambre o la contaminación. Los impulsores de la nanotecnología pronostican que traerá avances importantes en materia de industria manufacturera, defensa, medicina, energía, agricultura y comunicaciones, y que será la base de la ‘próxima revolución industrial’. Sin embargo, parece poco probable que tales avances beneficien a los pobres. Es posible que los países en desarrollo tengan que enfrentar riesgos nanotecnológicos desproporcionados al aceptar en su territorio la industria manufacturera rechazada por los países ricos o al transformarse en vertederos de desechos.

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Por lo tanto, los grupos de la sociedad civil hacen un llamado a los gobiernos y a la industria a aplicar el principio de precaución en todas las fases del ciclo de vida de los nanomateriales fabricados, como se estipula en los documentos centrales del SAICM, de la siguiente manera:

• Estableciendo un proceso mundial de gobernanza para los nanomateriales, que sea transparente, inclusivo, equitativo e impulsado por una sostenibilidad fuerte;
• Financiando en forma adecuada y llevando a cabo investigaciones sobre los riesgos para la salud humana y el medio ambiente que presentan los nanomateriales durante todo su ciclo de vida, antes de que los nanomateriales puedan ser comercializados;
• Reconociendo explícitamente el derecho a saber y el derecho a elegir de los consumidores y los trabajadores en lo que respecta a las nanotecnologías y los nanomateriales;
• Reconociendo explícitamente el derecho de los países a rechazar determinadas aplicaciones o usos de las nanotecnologías y nanomateriales;
• Involucrando a todos los sectores de la sociedad civil en el establecimiento de marcos regulatorios y estrategias de investigación coherentes;
• Respaldando las iniciativas del SAICM e involucrándose en la redacción del informe sobre nanotecnología y nanomateriales para el OEWG y la ICCM-3, a fin de que la ICCM-3 pueda considerar todas las posibles acciones futuras.
En particular, sobre el tema fundamental de las necesidades de información de los países, los grupos de la sociedad civil hacen un llamado a los gobiernos para que exijan que los productores de nanomateriales fabricados:
• Proporcionen información adecuada que permita la identificación efectiva de todas las aplicaciones y los productos que contengan nanomateriales fabricados, a fin de informar a los gobiernos, como base para 1) una real evaluación y derecho a elegir, 2) medidas adecuadas de gestión de riesgos, y 3) respuestas adecuadas en los casos de impactos en la salud y en el medio ambiente identificados post comercialización; y
• Poner esta información a disposición de los ciudadanos a través del etiquetado y de los registros de información de acceso público, para facilitar la sensibilización, la identificación expedita de los productos que contengan o que hayan sido elaborados con nanomateriales fabricados, y el derecho a elegir;
• Hacer que esta información esté disponible a través de toda la cadena de suministro, por todos los medios necesarios, entregando información adecuada a todos los trabajadores y procesadores de nanomateriales fabricados, a fin de facilitar la regulación urgente de los riesgos para la salud y la seguridad ocupacional relacionados con los nanomateriales.


Para obtener mayor información, por favor no vacilen en contactar a David Azoulay (dazoulay@ciel.org) y visitar el sitio web de intercambio de información del grupo de trabajo sobre nanotecnología de IPEN, en http://www.sciencecorps.org/ipen_nano_library.html (contiene información y documentos pertinentes de ONG, gobiernos, instituciones científicas nacionales y regionales, organizaciones internacionales, académicos, etcétera...)


References
i Nel A, Xia T, Li N (2006). “Toxic potential of materials at the nanolevel”. Science Vol 311:622-627; Oberdörster G, Oberdörster E and Oberdörster J (2005); Oberdörster G, Maynard A, Donaldson K, Castranova V, Fitzpatrick J, Ausman K, Carter J, Karn B, Kreyling W, Lai D, Olin S, Monteiro-Riviere N, Warheit D, and Yang H (2005). “Principles for characterising the potential human health effects from exposure to nanomaterials: elements of a screening
strategy”. Particle and Fibre Toxicology 2:8.
ii Helland A, Cheringer M, Siegrist M, Kastenholz H, Wiek A, Scholz A. 2008. Risk Assessment of Engineered Nanomaterials: A Survey of Industrial Approaches. Environ. Sci. Technol. 42 : 640–646 ; Helland A, Kastenholz H, Siegrist M. 2008. Precaution in Practice: Perceptions, Procedures, and Performance in the Nanotech Industry. J Ind Ecol 12(3):449-458.
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In vitro toxicity of nanoparticles in BRL 3A rat liver cells. Toxicol In Vitro 19:975-983. Limbach L, Wick P, Manser P, Grass R, Bruinink A, Stark W. 2007.
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vii P86 Recommendation 12 (i), The Royal Society and The Royal Academy of Engineering, UK (2004). Nanoscience and nanotechnologies. Available at http://www.royalsoc.ac.uk/
viii P85 Recommendation 5 (i), The Royal Society and The Royal Academy of Engineering, UK (2004). Nanoscience and nanotechnologies. Available at http://www.royalsoc.ac.uk/
ix P85 Recommendation 4, The Royal Society and The Royal Academy of Engineering, UK (2004). Nanoscience and nanotechnologies. Available at http://www.royalsoc.ac.uk/
x P47, Swiss Re. 2004. Nanotechnology: Small matter, many unknowns. Available at: http://www.swissre.com
xi Intergovernmental Forum for Chemical Safety (2008), Intergovernmental Forum for Chemical Safety. Available at: http://www.who.int/ifcs/forums/six/en/index.html

domingo, 14 de febrero de 2010

Riesgos Globales 2010

tomado de ANALITICA INTERNACIONAL
El World Economic Forum publicó (14/01/10) su informe anual Global Risks 2010, en el que establece los riesgos más preocupantes para la economía mundial en 2010.1 El reporte señala que los eventos ocurridos en 2009 han puesto en evidencia la necesidad de generar un cambio de pensamiento sobre los riesgos globales y sobre la forma en que deben enfrentarse. Señala elinforme que en la actualidad existe una interconectividad de riesgos, sin precedentes, escenario en el que la necesidad de combatir los huecos de gobernabilidad a nivel global es mayor que en ninguna otra época. El informe señala que el cambio en el pensamiento solamente se puede realizar a través de una revisión de los valores y de las conductas de los encargados de tomar decisiones, y con una mayor coordinación y supervisión en sus decisiones.




Los riesgos
A lo largo del reporte se destacan cinco áreas de riesgo con 36 riesgos específicos, en total: económicos (10), geopolíticos (9), ambientales (9), sociales (5) y tecnológicos (3). En específico, los riesgos son:

ANALITICA INTERNACIONAL
Tecnológicos
Ambientales
Económicos
Sociales
Geopolíticos
Ataques a los sistemas
Contaminación del aire
Restricciones a la globalización
Migración
Crimen transnacional y corrupción
Toxidad de las nanoparticulas
Perdida de la biodiversidad
Deficiente inversión en infraestructura
Enfermedades infecciosas
Israel-Palestina
Fraude o perdida tecnológica
Sequías y desertificación
Pesadez de la regulación
Enfermedades crónicas
Irak

Escasez de agua
Colapso de los activos financieros
Regimenes de responsabilidad
Inestabilidad en Afganistán

Ciclones
Crisis fiscal
Pandemias
Terrorismo internacional

Terremotos
Desaceleración de la economía China

Irán

Inundaciones
Mayor caída del dólar

Corea del Norte

Inundaciones en costas
Incremento en los precios del petróleo

Proliferación nuclear

Clima extremo
Restricciones a la globalización




Para el World Economic Forum seis son los principales riesgos identificados que pueden generar un riesgo sistémico en los próximos años: la crisis fiscal y el desempleo; la deficiente inversión en infraestructura, en particular en energía y agricultura, las enfermedades crónicas, el precio de los activos financieros, la desaceleración de la economía China y las deficiencias en la gobernabilidad global. El nivel de interconexión entre los riesgos juega un papel central en la valoración de los riesgos globales.

Los ejes transversales
El informe considera que los riesgos se desarrollan en tres ejes transversales, interconectados y simultáneos: un mayor nivel de riesgo sistémico, los riesgos de lenta maduración y los huecos existentes en la gobernabilidad global. Un riesgo sistémico se entiende como la perdida o daño potencial a un sistema en su conjunto, contrastado con la pérdida de una unidad individual de dicho sistema. Los riesgos sistémicos se exacerban por la interdependencia que existe entre las unidades, a menudo por las débiles conexiones en el sistema.
El riesgo puede ser detonado por eventos repentinos o construido en el tiempo con un impacto catastrófico. El riesgo es cada vez mayor. En lo que respecta a los riesgos de lenta maduración, son riesgos que se vienen gestando lentamente con el tiempo y que pueden tener un enormeimpacto potencial e implicaciones de largo plazo que en el proceso no son valoradas en su justa dimensión, lo que impide tomar las medidas necesarias para evitar su avance e impacto posterior. Son riesgos que se desarrollan en varios años e incluso décadas. En estos riesgos se ubican el crecimiento de la población y su envejecimiento y el incremento de los efectos de la sociedad de consumo en los recursos naturales.
Sobre la gobernabilidad global, el informe señala que existen presiones de corto plazo tanto para los gobiernos, como para las empresas y los individuos y, cuestiona si se podrán alcanzar las reformas necesarias para la gobernabilidad global considerando la cantidad de temas y actores involucrados. En tal sentido, se considera que la mejor coordinación en la supervisión, la creación de un clima adecuado, la aplicación de políticas enérgicas, la creación de nuevos mecanismos para proteger recursos, así el incremento de la seguridad en general, resultan claves para reducir las vulnerabilidades y los riesgos de gobernabilidad global.

El manejo de los riesgos globales
El informe señala que el objetivo central en el estudio de los riesgos es advertir sobre el nivel de interconexión entre los riesgos y el impacto global de dicha interconexión. De ahí que el reporte ofrezca un marco conceptual a los tomadores de decisiones, a fin de que puedan contemplar los riesgos de una manera integrada y generar respuestas más efectivas para el manejo anticipado de los riesgos sistémicos a nivel global.