sábado, 10 de mayo de 2014

Silencios complices....

En este blog se han publicado varias notas de o referidas a Andres Carrasco. Es quizas un simbolo importante su legado y sin lugar a dudas esta ultima nota de Aranda, que creo es un recuerdo vivo de su importancia para la ciencia. Es necesario que veamos como apunta en la misma direccion que lo que venimos diciendo sobre la mercantilizacion de la ciencia, y como con ello la ciencia pierde en ética y respuestas verdaderas, ya que la verdad tiene precio: Cuanto vamos a pagar por esos silencios complices? Como vamos a dar pruebas sobre las conductas miserables de los colegas frente a quien dice la verdad?
Decia Albert Einstein que era mas fácil romper un átomo que un prejucio y sabiamente tenia razon.
Les dejo la nota extraida de La Vaca (no digan ni Mu, je...)


Abrazos,

Santiago

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Andrés Carrasco, científico y militante: gracias


Falleció Andrés Carrasco, el científico que confirmó los efectos devastadores del glifosato, acompañó con su investigación a los pueblos fumigados y cuestionó que la ciencia esté al servicio de las corporaciones. Incluimos la última entrevista que brindó y además “¿La felicidad puede ser un tema político? Pistas para bajarse de la globalización”, la entrevista que transmitió Decí Mu
Andres Carrasco
En una de sus visitas a nuestra Cátedra Autónoma de Comunicación Social, el científico Andrés Carrasco contó cómo decidió divulgar su investigación sobre los efectos letales del glifosato.: estaba en el sur, pescando, solo, disfrutando la belleza de esa postal natural, sabía que lo que había comprobado era esencial y sintió que el perfecto silencio que lo rodeaba era un grito inmenso. “Hacé algo”. Para hacerlo solo necesitaba encontrar “un periodista serio y decente”. Y llamó, desde ahí mismo, a Darío Aranda. Él es quien lo despide en estas líneas que eligió publicar en lavaca. Doble honor, que nos obliga y compromete aún más a seguir siendo dignos de ello y de ellos.
Por Darío Aranda.
“Soy investigador del Conicet y estudié el impacto del glifosato en embriones. Quisiera que vea el trabajo”.
Fue lo primero que se escuchó del otro lado del teléfono.
Era 2009 y aún estaba latente el conflicto por la Resolución N°125. Página12 había dado amplia cobertura a las consecuencias del modelo agropecuario y este periodista había escrito sobre los efectos las fumigaciones con agroquímicos.
El llamado generó desconfianza. No conocía al interlocutor. ¿Por qué me llamaba?
El científico avanzó en la presentación. “Mi nombre es Andrés Carrasco, fui presidente del Conicet y soy jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA. Le dejo mis datos”.
Nunca había escuchado su nombre. Nunca había escrito sobre científicos y el Conicet me sonaba como un sello.
Llamados al diario y preguntas a colegas. Todos confirmaron que era un científico reconocido, treinta años de carrera, con descubrimientos muy importantes en la década del 80 y trabajo constante en los 90, cuando se enfrentó al menemismo.
Hice la nota.
Su investigación fue la tapa del diario, (abril de 2009). La noticia: el glifosato, el químico pilar del modelo sojero, era devastador en embriones anfibios. Nada volvió a ser igual. Organizaciones sociales, campesinos, familias fumigadas y activistas tomaron el trabajo e Carrasco como una prueba de lo que vivían en el territorio.
“No descubrí nada nuevo. Digo lo mismo que las familias que son fumigadas, sólo que lo confirmé en un laboratorio”, solía decir él. Y comenzó a ser invitado a cuanto encuentro había. Desde universidades y congresos científicos, hasta encuentros de asambleas socioambientales y escuelas fumigadas. Intentaba ir a todos lados, restando tiempo al laboratorio y a su familia.
También ganó muchos enemigos. Los primeros que le salieron al cruce: las empresas de agroquímicos. Abogados de Casafe (reúne a las grandes corporaciones del agro) llegaron hasta su laboratorio en la Facultad de Medicina y lo patotearon. Comenzó a recibir llamadas anónimas amenazantes. Y también lo desacreditó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Lo hizo, nada menos, que en el programa de Héctor Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta de las empresas.
Barañao desacreditó el trabajo y defendió al glifosato (y al modelo agropecuario). Y no dejó de hacerlo en cuanto micrófono se acercara. Incluso cuestionó el trabajo de Carrasco en encuentros de Aapresid (empresarios del agro) y, sobre todo, en el Conicet.
Carrasco no se callaba: “Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria”.
Los diarios Clarín y La Nación lanzaron una campaña en su contra. No podían permitir que un reconocido científico cuestionara el agronegocio. Llegaron a decir que la investigación no existía y que era una operación del gobierno para prohibir el glifosato, una represalia por la fallida 125. Carrasco se enojaba. “Si hay alguien que no quiere tocar el modelo sojero es el gobierno”, resumió café mediante en el microcentro porteño. Pero Carrasco era funcionario del gobierno: Secretario de Ciencia en el Ministerio de Defensa. Le pidieron que bajase el tono de las críticas al glifosato y al modelo agropecuario. No lo hizo. Renunció.


Carrasco en la Mu de marzo 2014

El silencio no es salud

Empresas, funcionarios y científicos lo habían acusado de no publicar su trabajo de glifosato en una revista científica, sino en un diario. Se reía y retrucaba: “No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y, luego, se lo canaliza por medios que sólo llegan a ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva”.
Era calentón Carrasco. Se enojaba, discutía a muerte, pero luego tiraba algún comentario para distender.
Nos solíamos ver en un café antiguo cerca de Constitución. Él era habitué. Charlaba con las mozas y debatía de política con el dueño.
Café mediante, le pregunté por qué se metió en semejante baile. Ya era un científico reconocido en su ámbito y no necesitaba dar prueba de nada. Tenía mucho por perder en el mundo científico actual. Me explicó que lo había conmovido el sufrimiento de las Madres del Barrio Ituzaingó de Córdoba. Y que no podía permanecer indiferente. También lamentó que el Conicet estuviera al servicio de las corporaciones. Denunció acuerdos (incluso premios) entre Monsanto y Barrick Gold con el Conicet. Se indignaba. “La gente sufre y los científicos se vuelven empresarios o socios de multinacionales”, disparaba.

Ética

En 4 de mayo de 2009, el ministro Barañao envió un correo electrónico a Otilia Vainstok, coordinadora del Comité Nacional de Ética en la Ciencia y Tecnología (Cecte). En un hecho sin precedentes, Barañao aportaba bibliografía de Monsanto y pedía que evalúen a Carrasco. Nunca había pasado algo similar. La mayor autoridad de ciencia de Argentina pedía una evaluación ética por un investigar que había cuestionado al químico pilar del modelo agropecuario.
Barañao quería la cabeza de Carrasco.
Vainstok envió un correo electrónico el mismo lunes 4 de mayo,,con copia a los nueve integrantes del Comité de Ética. Decía así:
“Estimados colegas, esta tarde he recibido un pedido de que el Cecte considere las expresiones vertidas en artículos periodísticos por Andrés Carrasco con motivo de su investigación de los efectos del glifosato en embriones de anfibios. Adjunto también la bibliografía aportada por Lino Barañao, la entrevista a Carrasco y la entrevista al Ministro Barañao que sacó Clarín”.
El mail se filtró a la prensa. Y Carrasco se enteró de la operación de Barañao y Vainstok. El escándalo hubiera sido enorme. El Comité de Ética reculó y no juzgó a Carrasco, pero el camino estaba marcado.

Los de abajo

En agosto de 2010, en Chaco, estaba por dar una charla, pero empresarios arroceros y punteros políticos intentaron lincharlo. Había concurrido a una escuela de un barrio fumigado, y no pudo hablar. Lo sorprendió la violencia de los defensores del modelo.
Ese mismo agosto, la revista estadounidense Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología) publicó la investigación de Carrasco. Lo que había sido un pedido-chicana de sus detractores, no sirvió para calmar las críticas. Continuó la difamación de los defensores del agronegocios. Pero fue un triunfo para los pueblos fumigados, las Madres de Ituzaingó y las asambleas en lucha. Y Carrasco comenzó a tejer diálogos con otros investigadores, de bajo perfil. Sentía particularmente respeto y cariño por jóvenes investigadores de Universidad de Río Cuarto y de la Facultad de Ciencias Médica de Rosario. Solía mencionarlos en las charlas y los señalaba como el “futuro digno” de la ciencia argentina.

Otro veneno

Solíamos cruzarnos en encuentros contra el extractivismo. Y periódicamente nos enviábamos correos con información del modelo agropecuario, alguna nueva investigación, viajes suyos a Europa para contar sobre su investigación, el juicio de las Madres de Ituzaingó, la nueva soja aprobada por el gobierno, los nuevos químicos. Un día recibí uno de sus mensajesl. “Hay un nuevo veneno”, fue el asunto de un mail. Alertaba sobre el glufosinato de amonio y lo mencionaba como posible sucesor del glifosato: “El glufosinato en animales se ha revelado con efectos devastadores. En ratones produce convulsiones y muerte celular en el cerebro. Con claros efectos teratogénicos (malformaciones en embriones). Todos indicios de un serio compromiso del desarrollo normal”, precisaba. Y recordaba que la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) detalló en 2005 los peligros del químico para la salud y el ambiente. Destacó que desde 2011 el Ministerio de Agricultura había aprobado diez eventos transgénicos de maíz y soja de las empresas Bayer, Monsanto y Syngenta. Cinco de esas semillas fueron aprobados para utilizar glifosato y glufosinato.

¿Para qué y para quién investigan?

Otra tarde le envíe un correo electrónico contando de investigadores que confirmaron lo mismo que él, pero en sapos (muchas veces llaman los “canarios de la mina” porque pueden anunciar lo que le sucederá a humanos. Los investigadores tenían miedo a hablar, por las posibles represalias. De inmediato me llamó por teléfono. Fue tajante: “No quiero saber quiénes son. Sólo quiero que le preguntes para qué mierda investigan, si para criar sapos o para cuidar al pueblo que subsidia sus investigaciones. Preguntales eso por favor”. Y cortó.
Los investigadores nunca quisieron hablar y difundir masivamente sus trabajos.

Carrasco en Wikileaks

En marzo de 2011 se conoció que la embajada de Estados Unidos lo había investigado y había hecho lobby en favor de Monsanto. Documentos oficiales filtrados por Wikileaks confirmaban el hecho. “No esperaba algo así, aunque sabemos que estas corporaciones operan al más alto nivel, junto a ámbitos científicos que les realizan estudios a pedido, medios de comunicación que les lavan la imagen y sectores políticos que miran para otro lado. Estaban, y están, preocupados. Saben que no pueden esconder la realidad, los casos de cáncer y malformaciones se reiteran en todas las áreas con uso masivo de agrotóxicos”.

El otro Carrasco

En noviembre de 2013 le relaté que en Estación Camps (Entre Ríos) había entrevistado a una mujer que luchaba contra los agroquímicos. Era una trabajadora rural y ama de casa, muy humilde, que había enviudado. Su esposo era peón de campo, vivía rodeado de soja y fue fumigado periódicamente. Comenzó a enfermar, la piel se le desprendía y tuvo graves problemas respiratorios. Murió luego de una larga agonía. La mujer no tenía dudas de que habían sido los agroquímicos que llovían sobre la casa. Y los médicos tampoco tenía dudas, aunque se negaban a ponerlo por escrito. El nombre del trabajador rural víctima de los agroquímicos: Andrés Carrasco.
La viuda había escuchado en la radio sobre el científico homónimo de su marido y el glifosato. Y, entre llantos, contó que le daba fuerzas saber que alguien con el mismo nombre que su esposo estaba luchando contra los químicos que le arrebataron al padre a sus hijos.
Le conté la historia por teléfono. El Carrasco científico se conmovió, no podía seguir hablando. Y confesó que solía arrepentirse de no haber investigado antes sobre el glifosato.
carrasco

La última maniobra

A fin del año pasado me llamó para contarme la última maniobra del Conicet. Había solicitado la promoción a investigador superior y le fue negada. La cuestión iba mucho más allá de la promoción. Lo enojaba el ninguneo de los científicos empresarios y obedientes del poder. Lo habían evaluado dos personas que no conocían nada de su especialidad y otro que es parte de las empresas del agronegocios. Me envió su carta de reclamo al Conicet y relató en detalla la reunión con el Presidente de la Institución. Estaba seguro que era un nuevo pase de factura por lo que comenzó en 2009.
Y le dolía el silencio de académicos que respetaba, incluso de amigos de antaño de las ciencias sociales que le daban la espalda.
Le propuse un artículo periodístico e intentar publicarlo en Página12. Le tenía aprecio al diario, a pesar de que hacía tiempo habían dejado de darle espacio. Le avisé que pondría su versión de los hechos y la del Conicet y de Barañao. Me retruco rápido: “Te van a sacar cagando”.
Lo propuse al diario. Lo rechazaron sin la más mínima explicación. Cuando le avisé la negativa, ni se inmutó. Dijo que era previsible. “En estos años tuve un curso acelerado de lo que son los medios de comunicación”, resumió. Le respondí que estos años había aprendido que el Conicet no era para nada impoluto y que había demasiadas miserias en el mundo científico.
Reímos juntos.
Y me chicaneaba y recordaba que ahora éramos colegas. Tenía un programa en FM La Tribu donde nadie lo censuraba y daba gran protagonismo a las asambleas y organizaciones en lucha contra el extractivismo. El nombre del programa era todo un mensaje a sus enemigos: “Silencio cómplice”.
Quedamos en juntarnos a comer un asado y publicar la nota en medios amigos (la publicó lavaca en su periódico MU en marzo pasado).
Intenté para esa nota hablar con “la otra parte”. Barañao dijo que no tenía nada de qué hablar, desechó cualquier pregunta. El presidente del Conicet, Roberto Salvarezza, adujo problemas de agenda.

La última entrevista

Viajó a México al Tribunal Permanente de los Pueblos (tribunal ético internacional, de carácter no gubernamental que evalúa la violación de derechos humanos). Volvió a México en enero. Se descompuso y fue trasladado de urgencia. Lo operaron en Buenos Aires y tuvo largas semanas internado, débil. Cuando le dieron el alta, llamó a casa. “Zafé”, fue la primera palabra. Y de inmediato preguntó: “¿Qué sabés del bloqueo en Malvinas Argentinas (Córdoba, donde se frenó la instalación de una planta de Monsanto)? ¿La tiene difícil Monsanto?” Él había estado en setiembre de 2013 cuando comenzó el bloqueo. Me explicó que tenía para varias semanas de recuperación, pero cuando estuviera mejor quería que vayamos a Córdoba, a Malvinas Argentinas y también a visitar a las Madres de Ituzaingó. Lo dejamos como plan a futuro.
Hablamos sobre su situación en el Conicet. Le dolía la indiferencia de compañeros del mundo académico, sobre todo de las ciencias sociales. Le pregunté por qué no recurrir a las organizaciones sociales. Se opuso. Argumentó que ya demasiado tenían en sus luchas territoriales como para preocuparse por él. Se ofreció para una entrevista. La hicimos. Algunas citas:
  • “Los mejores científicos no siempre son los más honestos ciudadanos, dejan de hacer ciencia, silencian la verdad para escalar posiciones en un modelo con consecuencias serias para el pueblo”.
  • “El Conicet está absolutamente consustanciado en legitimar todas las tecnologías propuestas por corporaciones”.
  • “(Sobre la ciencia oficial) Habría que preguntar ciencia para quién y para qué. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para fracking y Chevron?”
  • “Mucha gente fue solidaria conmigo, piensa que lo que uno hizo tuvo importancia para ellos, tienen derecho a saber que hay instituciones del Estado que privilegian la arbitrariedad para sostener discursos, para que el relato no se fisure.
Sabía que la entrevista sería para un medio amigo, “no masivo”. Estaba contento, recuperando fuerzas, no iba a dar el brazo a torcer ante Barañao, Salvarezza, el establishment científico y las corporaciones del agro.
El 27 de marzo concurrió a Los Toldos, a una audiencia pública sobre agroquímicos. Estaba débil, pero no quiso faltar. Sucedió lo mismo en la Facultad de Medicina, en la Cátedra de Soberanía Alimentaria (el 7 de abril), donde habló de los alimentos transgénicos y los agroquímicos. No estaba bien, andaba dolorido, pero no quiso faltar. Entendía esos espacios como lugares de lucha, donde debía explicar los efectos de los agroquímicos. Solía decir que se lo debía a las víctimas del modelo.
Al fines de abril avisó por correo electrónico que lo habían vuelto a internar. Esperaba que sea algo rápido. Quería volver a su casa, recuperarse y hacer el viaje pendiente a Córdoba, al acampe contra Monsanto.

Su legado

Fui testigo de sus últimos seis años. Tiempo en el que decidió alejarse del establishment científico que vive encerrado en laboratorios y sólo preocupado por publicaciones que sólo leen ellos.Se transformó en un referente hereje de la ciencia argentina. No tendrá despedidas en grandes medios, no habrá palabras de ocasión de funcionarios ni habrá actos de homenaje en instituciones académicas.
Andrés Carrasco optó por otro camino: cuestionar un modelo de corporaciones y gobiernos y decidió caminar junto a campesinos, madres fumigadas, pueblos en lucha. No había asamblea en donde no se lo nombrara.
No existe papers, revista científica ni congreso académico que habilite a entrar donde él ingresó, a fuerza de compromiso con el pueblo: Andrés Carrasco ya tiene un lugar en la historia viva de los que luchan.
Nos queda, entonces, saldar con él una enorme deuda: la de decirle gracias.
Nos vemos en la lucha.

Última entrevista

Ciencia transgénica

El científico que confirmó los efectos perjudiciales del glifosato denuncia al Conicet y al Ministerio de Ciencia. Afirma una saga de hostigamientos por denunciar el modelo agropecuario. El rol de los científicos, funcionarios y corporaciones.
Por Darío Aranda
Publicada en el periódico CTA de mayo.
El embriólogo molecular Andrés Carrasco marcó un quiebre en la discusión sobre el modelo agrario argentino. Con un largo recorrido en el ámbito científico, Carrasco confirmó en 2009 los efectos del glifosato (agroquímico pilar del modelo sojero) en embriones anfibios. Y ya nada volvió a ser igual. Los cientos de pueblos fumigados y organizaciones sociales tuvieron una prueba más para sus denuncias. Para Carrasco también fue un punto de quiebre. Comenzó a recorrer el país (desde universidad hasta escuelas, desde congresos científicos hasta clubes de barrio) dando cuenta de su estudio. Y comenzó a ser mala palabra en el mundo científico ligado al agronegocios. La última estocada provino del Conicet (el mayor ámbito de ciencia de Argentina): Carrasco denunció por persecución ideológica al presidente del organismo, Roberto Salvarezza, y al ministro de Ciencia, Lino Barañao.
El ministro Barañao había realizado en 2009 un inusual pedido de revisión “ética” al Conicet respecto al accionar de Carrasco. Sobrevino una censura en la Feria del Libro de 2010, difamaciones públicas y, el último hecho, la negación de la promoción con un dictamen que Carrasco evalúa como “plagado de irregularidades” y con evaluadores insólitos: una especialista en filosofía budista y un reconocido científico ligado a las empresas del agronegocios.
Ciencia, investigadores, corporaciones y gobiernos.
-¿Qué sucedió en el Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas)?
-Soy investigador principal y me presenté a investigador superior, que es la máxima categoría de un investigador. Es un concurso donde uno presenta todos los antecedentes de la carrera científica. El Conicet lo somete a una comisión especial, formada por un grupo de personas. Una parte, dos o tres, son miembros informantes, que revisan antecedentes del candidato. Luego lo informan al resto de la comisión en un dictamen, que la comisión aprueba o desaprueba.
-¿Qué implica la promoción?
-Implica fundamentalmente el reconocimiento o una carrera en la que uno viene escalando posiciones. Se analiza todos los méritos y trayectoria del candidato. También implica una mejora salarial, pero fundamentalmente un reconocimiento a la carrera.
-¿Por qué rechazan su promoción?
-Apelan a una serie de argucias retoricas. Hicieron una evaluación cuantitativa y no cualitativa. Y alguna de las contribuciones más importantes mías sólo las describen, no las evalúan, no presentan argumentos serios de la contribución del trabajo, sólo miden cuantitativamente. Dicen que no es suficiente, deducen que en mi caso no tengo experiencia internacional suficiente. Además de decir que hubo interrupciones en mi tarea porque desempeñé tareas de gestión (dos años presidente de, justamente, el Conicet y otro tanto Secretario de Ciencia en el Ministerio de Defensa). Es insólito porque reconocen que estuve en cargos de gestión y por otro lado dicen que durante esos años no hubo producción, pero saben que tuve licencia sin goce de sueldo con cargo de mayor jerarquía.
-¿Qué es lo que no evaluaron?
-No evalúan seriamente nada. Dicen que fui primer autor o segundo autor (en las investigaciones firmados por grupos de trabajo, con varios autores), pero ni siquiera dicen qué es lo que se investigó. En la década del 80 realizamos una serie de publicaciones que fueron muy relevantes en el mundo científico. No hacen mención y se limitan a decir si firmé primero, segundo o tercero. Y no hay ninguna valoración sobre todo el resto, ni se refieren a los temas sobre lo que uno trabajó durante años. Hay mucha producción científica que que no fue valorada. Del dictamen se evidencia que no hubo valoración cualitativa, no pusieron en relevancia los impactos de las investigaciones, no señalan si fue novedoso y si contribuyó en la disciplina.
-¿Esa forma de evaluación es regla de la ciencia o es particular de este caso?
-Lo que corresponde que se haga es un análisis real del contenido de la carrera científica, no medirlo en términos de números. No se trata de ver cuántos papeles tenemos acumulados, usar una balanza y ver cuántos kilos pesa la producción científica de uno. Así evalúan hoy.
-¿Usted apunta a quiénes lo evaluaron?
-El dictamen es lavado, sin argumentación, y tiene relación con los evaluadores. Una profesora de filosofía hindú (Carmen Dragonetti), que debe ser muy buena en lo suyo pero que no sabe nada de embriología. Un experto en zoología (Demetrio Boltoskoy) que no conoce de embriología. Y uno de los evaluadores que está relacionado íntimamente con la industria transgénica y la promoción del agronegocios (Néstor Carrillo). Hay conflictos de intereses y, por otro lado, no hay consistencia con el tema que los ocupa. Debieran haberse excusado y no lo hicieron.
Carrillo ha tenido manifestaciones públicas contrarias a las críticas al agronegocios, está vinculado científicamente a empresas como Monsanto a través de Bioceres, es un convencido de la tecnología transgénica, que mantiene estrechos contactos con Federico Trucco (CEO de Indear y consecuente descalificador de la idoneidad científica de Carrasco) y con Aapresid (empresarios del agronegocios).
-¿Es común que evalúen informantes que no manejan el tema?
-Tienen que tener una idea qué se está evaluando, debiera ser gente que conozca la disciplina.
-¿Evalúan su trabajo sobre glifosato?
-Apenas lo mencionan. Dan cuenta del número de menciones internacionales pero ponen mucho menos de las que tuvo. Y hacen como que no tuvo impacto. Miden el impacto con un número erróneo y no discuten el contenido del trabajo. Mal que les pese, el trabajo sobre glifosato tuvo impacto en muchos lugares del mundo y lo debieron considerar.
-¿Qué le dijo el Presidente del Conicet?
-La respuesta fue que él no sabia lo que había pasado.
-¿Pero él lo firmó?
-Sí. Claro.
-¿Y no sabía?
-Él dice eso. Que no sabía. Quizá firma cosas que no conoce… la decisión de darle la promoción o no se discute en reunión de directorio… todo el directorio sabía. Desligó su responsabilidad y minimizó, no negó, lo que plantee sobre la evaluación teñida de conflictos de intereses y animosidad manifiesta.
-¿Habrá una nueva evaluación?
-No lo sé. Lo solicité por escrito el año pasado y aún no me respondieron.
-¿Por qué hace público este hecho?
-Porque siempre he sido partícipe que los actos de Estado que benefician o perjudican a personas deben ser públicos. Y segundo porque desde 2009 han pasado cinco años y el Conicet ha tenido momentos de hostigamiento hacia mí. Corresponde denunciar esa saga, me parece que es importante hacerlo público. Se suele acostumbrar mucho a no discutir por temor a los palazos, pero hay que discutir aunque la institución sea injusta. Mucha gente fue solidaria conmigo, piensa que lo que uno hizo tuvo importancia para ellos, tienen derecho a saber que hay instituciones del Estado que privilegian la arbitrariedad para sostener discursos, para que el relato no se fisure.

Glifosato

-¿Interpreta como un pase factura por el trabajo sobre glifosato?
-Sin dudas que es un pase de factura por el glifosato. Hay que recordar que el Conicet no fue neutral en ese momento.
-¿Por qué?
-Cuando di a conocer las consecuencias del glifosato, desde el Conicet armaron una comisión para contestar lo que yo había dicho. También me prohibieron la asistencia a una Feria del Libro para hablar del tema. Y el ministro Lino Barañao pidió una comisión de ética para juzgarme. Todo lo menciono en mi apelación al Conicet.
-¿Negarle la promoción es un mensaje para otros científicos?
-No creo que sea desconocido por el sector científico, donde hay pocos que están dispuestos a hablar claramente de estas cosas.
-¿Por qué?
-Por estas señales disciplinadoras. Hay una situación con gente que dicen “con esto no me meto porque viene la represalia, pierdo el subsidio, pierdo el becario”. Pero creo que no hay que tener miedo a las posible represalias. Si uno toma una decisión científica en su carrera que va contra la institución o si no quiere participar de la linea de la institución, debe tener lugar. La institución debe ser amplia, para todos, para los que quieren hacerse empresarios científicos y quienes solo somos investigadores.
-¿Qué responsabilidad le cabe al Presidente del Conicet y al ministro Barañao?
-Al Presidente (Roberto Salvarezza) le cabe toda la responsabilidad de haber firmado la resolución que niega mi promoción. Ni siquiera echó una mirada sobre cómo fue el procedimiento. Él sabe que al firmar convalidó la injusticia. Y Barañao… es sabida su animosidad manifiesta para conmigo. Hay una bajada de línea, sus hechos y dichos públicos haciendo juicio de valor sobre la investigación del glifosato. Tanto en medios públicos, televisión, radio incluso en charlas publicadas, hubo una reunión pública de Aapresid en Rosario donde habló de manera despectiva de mi trabajo. Si un ministro hace juicio de valor sobre la actividad científica de un investigador, el Ministro me atacó personalmente a mí y mi grupo por nuestro trabajo.
-¿Por qué?
-Lo hizo en un reunión de Aapresid. Dijo “el problema Carraco se termina dentro de una semana”. Porque iba a salir un informe del Conicet sobre glifosato y finalmente no lo pudieron hacer público porque era impublicable. Cuando un ministro dice ese tipo de cosas, siempre hay discípulos dispuestos a hacerle caso al ministro. Y si le cae en la mano una evaluación harán lo posible para dejar contento al ministro. Prácticas de revanchas, venganzas, pequeñeces, son comunes en el Conicet.
-Para muchas organizaciones que luchan en el territorio fue un punto de inflexión su trabajo de 2009. Es extraño que un científico que se involucre en luchas actuales.
-Creo que la investigación de 2009 contribuyó a dar impulso a muchos grupos de colegas que trabajan de manera similar. Y siempre me sentí muy acompañado por la sociedad civil. Me resulta difícil medir el impacto en la gente, pero sí coincido que no es común que un científico salga de la mera investigación de laboratorio para preocuparse y ocuparse por algo que sucede en los territorios. Sirvió para sumarse a una discusión actual, que afecta a la población, y contribuir a una discusión de ese tipo, creo que es lo que todo científico pretende. Y creo que también ha servido para mostrar limitaciones y defectos de la ciencia actual. He visto que muchos colegas legitiman a partir de la mentira. Los mejores científicos no siempre son los más honestos ciudadanos, dejan de hacer ciencia, silencian la verdad para escalar posiciones en un modelo con consecuencias serias para el pueblo.

Conicet

-Para los ajenos al mundo científico el Conicet pareciera un sello impoluto, de excelencia. Y al mismo tiempo legitimador de discursos sociales, políticos, periodísticos. Usted fue presidente del Conicet. ¿Cómo funciona?
-El Conicet no es para nada impoluto. Estuve dos años al frente del directorio. Tenía muchísimos problemas de estos todo el tiempo, que teníamos que corregir. Yo mismo he tenido casos en los que tuve que rechazar dictámenes injustos y hasta intervine la junta de calificaciones. El Conicet está marcado por la situación política del momento, seriamente cruzado por internas políticas y las legitimaciones del momento. La institución no garantiza los derechos a ser evaluados de manera correcta y el mayor grado de objetividad posible. No debería nunca estar Néstor Carrillo evaluando mi trabajo, lo pusieron a propósito.
-¿Qué rol juegan las empresas?
-El Conicet tiene representantes de las provincias, de la ciencia, de universidades y de la industria y del agro, como dos grandes sectores económicos. Estos últimos son representes propuestos por las corporaciones.
-¿Cómo repercute el rol del sector privado?
-El Conicet está absolutamente consustanciado en legitimar todas las tecnologías propuestas por corporaciones, modelos de hacer ciencia que implica un profundo y progresiva asociación con la industria. Ellos promueven un modelo de investigadores al servicio de empresas, de patentes, de formación científica con transferencia al sector privado. Ha llegado a tanto esa vinculación que el Conicet ha inventado un sistema de evaluación distinto para los investigadores que trabajan con las empresas.
-¿Cómo una evaluación distinta?
-Un sistema que implica que el investigador puede trabajar para una empresa y no es evaluado mientras participa de proyectos de empresas, pero siempre como investigador del Conicet. Si decide dejar la empresa, vuelve a ser evaluado como todos nosotros. Todo investigador debe publicar, enviar sus trabajos a revistas, poner en discusión sus trabajos. Los investigadores del Conicet que trabajan para empresas no está sometidos a estas evaluaciones. En esos casos el Conicet funciona como proveedor de recursos humanos de las empresas.
-Si usted hubiera investigado en favor de empresas del agro…
-De seguro el Conicet me daba todas las promociones que pedía. Muchos de los promovidos por el Conicet están encolumnados con esta lógica institucional de privatizar la producción de conocimiento científico. Ese tipo de investigadores está prestigiado por el Conicet. Y se mira mal a quien no se encolumna en esa forma de entender la ciencia. Y mucho peor si se los confronta. El Conicet alienta o cuestiona a investigadores según qué investigue. Si cuestionás el modelo te puede negar subsidios, te saca becarios, te evalúa de manera arbitraria.
-¿Cómo se puede comprobar la vinculación del Conicet con el mundo empresario del agronegocios?
-Es pública la vinculación. Se promueven investigaciones de transgénicos con total financiamiento público del Conicet, se financia a la empresa Bioceres, donde está Gustavo Grobocopatel. Se financió el polo tecnológico de transgénicos en Rosario para desarrollo de semillas, trabajan junto a Aapresid (empresarios que introdujeron los transgénicos en asociación con las multinacionales del sector). El Conicet lleva adelante una política en favor de una determinada tendencia tecnológica y además participa de los negocios que surgen de esa confluencia con el agronegocios. No lo esconden. Están orgullosos del modelo de ciencia que hacen.
-El discurso, no sólo del Gobierno, es que se ha invertido mucho en ciencia y técnica en estos años.
-Es cierto. Pero habría que preguntar ciencia para quién y para qué. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para fracking y Chevron? Hay un claro vuelco de la ciencia para el sector privado y el Conicet promueve esa lógica. En lo 90 estaba mal visto. Muchos hicieron la vida imposible al menemismo para que esto no pasara y hoy aplauden de pie que la ciencia argentina sea proveedora de las corporaciones.

martes, 6 de mayo de 2014

El Panoptico Global y las formas que desarrollamos para evitarlo...


En este mundo actual, vivimos vigilados desde lo que intermedia toda y cada comunicacion (telefonos celulares, internet, telefono comun, etc), ya lo dijo y continua a decirlo el gran hombre de nuestro tiempo:


Declaraciones de Edward Snowden

"Ahora todo el mundo está bajo la vigilancia del gobierno (de EUA)"




El extécnico de la CIA Edward Snowden, durante un debate en Toronto dedicado a los programas de recolección de datos de la NSA, dijo que la vigilancia del gobierno ya no se dirige a los individuos, sino a poblaciones enteras.
El debate, en el que participaron el exdirector de la Administración de Seguridad Nacional de EE.UU. Michael Hayden y el profesor de Harvard Alan Dershowitz, frente al periodista Glen Greenwald, estuvo dedicado a la vigilancia del gobierno.

Edward Snowden dio inicio a la discusión a través de una videoconferencia desde Rusia, donde reside actualmente.

"Ya no se tata de la práctica tradicional de vigilancia, cuando espían a algunos individuos sospechosos de mala conducta", explicó Snowden en un breve video. "Todo el mundo está bajo la vigilancia que abarca llamadas telefónicas, correos electrónicos, textos en ordenadores, historial de búsqueda, lo que compras, quiénes son tus amigos, adónde vas o a quién quieres", explicó Snowden.

Greenwald, que trabajó con Snowden publicando el material secreto de la NSA, argumentó que los gobiernos deberían utilizar una vigilancia específica no tan indiscriminada como la actual. Por su parte, Hayden y Dershowitz apoyaron el punto de vista del gobierno estadounidense, asegurando que la vigilancia es necesaria para garantizar la seguridad nacional (obviamente la seguridad de EUA). 


es por eso que hoy mas que nunca la mentira o el engaño a cobrado un valor inusitado. Lo venimos pregonando en este blog desde diversos articulos, pero sin ninguna duda, el filosofo de cabecera de estas ideas sera este:

 "Mentir es necesario"


 El reconocido filósofo y psicólogo asegura que los que mienten bien son más exitosos. Y que un mundo sin engaños "sería un caos". Deshonestidad brutal.

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El filósofo norteamericano David Livingstone SMITH (53), director del Instituto de Ciencia Cognitiva y Psicología Evolutiva de la Universidad de Nueva Inglaterra, acostumbra polemizar para defender sus ideas. A contramano del sentido común y de la "corrección política", ahora dice que el ser humano es mentiroso por naturaleza, que la mentira es útil para la sociedad y que el mundo sería un caos si todos se decidieran a hablar con la verdad. En su último libro "Por qué mentimos. Las raíces evolutivas del engaño", SMITH afirma que estamos programados para engañar desde los comienzos de la humanidad, ya sea para protegernos o para sacar ventaja.



NOTICIAS: ¿Por qué mentimos?

SMITH: La mentira está en todas partes. Es normal. Todos mentimos, y quien dice lo contrario, miente. Tenemos dificultades para reconocernos como mentirosos porque existe un juicio moral contrario.
Mentimos para obtener ventajas y para protegernos de algo, lo que significa que estamos, de cierta forma, pasando por encima a alguien. Al que miente bien, le suele ir mejor que quienes no consiguen hacerlo.


NOTICIAS: ¿Por qué?

SMITH: Porque la mentira trae ventajas indiscutibles. Los buenos mentirosos son más populares y exitosos. Algunos consiguen engañar por mucho tiempo y alcanzan un estatus social más alto y mejores salarios.
La mentira está en toda la naturaleza. Los virus engañan al sistema inmunológico de sus hospedadores, las plantas disimulan para librarse de los predadores, los animales se camuflan para atrapar su presa. No es sólo una cuestión de supervivencia. Es sacar ventaja y ser mejor que los competidores. Y así es la vida humana, también.


NOTICIAS: ¿Entonces mentir es razonable?

SMITH: La mentira es uno de los pilares de las relaciones sociales. Hay padres que dicen: "Yo le enseño a mis hijos a no mentir". Eso es falso. Nosotros somos los que les enseñamos a no decir la verdad. Les enseñamos que está mal decirle a la abuela que su piel está muy arrugada. Les enseñamos a los chicos a agradecer los regalos aunque les parezcan horribles. Eso puede ser llamado "tacto", "buenos modales", pero no dejan de ser mentiras. La mentira no es buena ni es mala, es necesaria. Imagínese un mundo en el que todos se dijeran la verdad unos con otros. Sería un caos.


NOTICIAS: ¿El que miente bien es más inteligente?

SMITH: Son socialmente más inteligentes. Consiguen percibir lo que la otra persona quiere oír, lo que resulta pertinente contar en ese momento, tienen sensibilidad para advertir la vulnerabilidad ajena.
Son mejores manipuladores. Pero hay que aclarar que mentimos mejor cuando no sabemos que estamos mintiendo. O sea, cuando nos engañamos a nosotros mismos.



NOTICIAS: ¿Es el caso de los políticos?

SMITH: Los políticos son mentirosos profesionales. Mienten hábilmente y, la mayoría de las veces, tienen conciencia de eso. Lo que hacen es captar con precisión los deseos de sus electores. Y no les preocupa si van a poder cumplir sus promesas. Y cuando se creen sus propias mentiras, su poder de persuasión se potencia. Hitler fue un ejemplo. (Obama y/o Putin, otros ejemplos)


NOTICIAS: ¿Por qué la gente les sigue creyendo?

SMITH: Porque nos resulta más fácil y seguro. Si alguien nos dice con convicción que va a mejorar nuestra vida, ¿cómo no vamos a querer creer eso? Podemos desconfiar en un primer momento. Si lo pensamos cinco minutos, nos daríamos cuenta de que no es verdad. Pero el placer que genera creer en algo es irresistible. (mentime que me gusta, jajaja)


NOTICIAS: ¿Cómo se procesa eso en la mente?

SMITH: El principio de todo es el autoengaño. Como sabemos que nos estamos mintiendo, de manera inconsciente creamos un mecanismo de defensa que nos impide profundizar mucho en el asunto. Porque si lo hiciéramos, nosotros mismos quedaríamos expuestos como mentirosos. En este sentido, estamos programados para aceptar mentiras.


NOTICIAS: ¿Cómo se puede saber que un político miente?

SMITH: Es muy difícil. Las investigaciones muestran que apenas uno de cada mil individuos consigue detectar señales de mentira en otra persona. En el caso de los políticos, los profesionales entrenados sólo consiguen identificar mentiras en el 10 por ciento de los casos. Los políticos son brillantes en distraernos con lo que dicen, y quienes no lo hacen nunca llegan lejos. Es una tragedia que la política, una de las actividades más vitales para nuestra sociedad, sea una de las más irracionales y deshonestas que existen.


NOTICIAS: ¿De qué depende detectar una mentira? ¿De la sensibilidad, de la inteligencia?

SMITH: Las personas que prestan atención al lenguaje corporal, al tono de voz, son mejores de aquellas que sólo escuchan las palabras. Algunas pocas personas lo hacen naturalmente, la mayor parte no lo consigue. A veces podemos "olfatear" algo raro, pero terminamos engañados por las palabras. De hecho, deberíamos prestar más atención a nuestros instintos.


NOTICIAS: ¿Existen las medias mentiras y las medias verdades?

SMITH: Algunas veces mentimos diciendo la verdad. Por ejemplo, puedo contar algo (cierto) de una manera tan exagerada que el interlocutor desconfía. No mentí, pero la otra persona no me creyó. O sea, manipulé. Existen grados de distorsión en lo que nos decimos unos a otros, pero lo que caracteriza a la mentira es que se hace con el objetivo de sacar ventaja.


NOTICIAS: ¿Con qué frecuencia las personas mienten?

SMITH: El psicólogo Robert Feldman, de la Universidad de Massachussets (no estamos en Massachussets diria un colega...), calculó que las personas dicen tres mentiras cada diez minutos de conversación (obviamente esto es mentira tambien, jajaja). Es interesante, pero es una definición estrecha de "mentira". No se miente sólo con palabras. Un político puede hablar de manera pomposa, mostrarse indignado o aparentar confianza, con el único objeto de convencer a más gente. En la conquista amorosa, queremos simular más atractivo sexual e inteligencia de la que tenemos. En el trabajo, mentimos sobre nuestras habilidades y competencias. Muchas veces es involuntario. Mentir es como respirar.


NOTICIAS: ¿Nacemos mentirosos?

SMITH: Contar mentiras es una tendencia que está tan internalizada en el ser humano como hablar y caminar. No tenemos la elección de no mentir. Los únicos que no mienten, en el sentido estricto de la palabra, son los autistas. Y no por una superioridad moral, sino por un déficit neurológico. Con la excepción de ellos, todos somos mentirosos por naturaleza.







domingo, 27 de abril de 2014

“La ciencia es ahora un instrumento económico antes que el sueño de unos intelectuales”

Desde hace un tiempo vengo pensando lo mismo...seguro habra muchos que coincidimos tambien, hay que hacer en forma urgente un gremio de cientificos para defendernos de lo que se viene...

Abrazos,

Sant


MARTÍN LÓPEZ CORREDOIRA




ASTROFÍSICO Y FILÓSOFO DEL INSTITUTO DE 
ASTROFÍSICA DE CANARIAS (IAC)

Escéptico y disidente de la ortodoxia científica, en los libros que ha publicado, como el 
reciente 'The Twilight of the Scientific Age' (El crepúsculo de la era científica), este filósofo 
y astrofísico realiza un análisis crítico sobre el conservadurismo y la industrialización 
actual de la ciencia en su producción de conocimiento.


Según sus planteamientos, el Big Bang no es una teoría que explica el universo 
tal y como lo conocemos sino solo una hipótesis de trabajo.

El Big Bang es la mejor teoría que tenemos a día de hoy para explicar el universo como un todo, pero eso no significa que sea la descripción última y definitiva a tan compleja cuestión. Creo que todavía hay elementos muy discutibles y las bases mismas de la teoría pueden ponerse en duda.
Ha calificado la materia oscura de “parche” o “esoterismo” para que funcione la teoría del Big Bang y la energía oscura de “moda pasajera”. Tampoco tendríamos evidencia entonces de la expansión del universo, que parece estar tan asumida por la comunidad científica. No deja usted teoría con cabeza... ¿Toda la base de la cosmología actual está equivocada?
Todos son elementos de la cosmología estándar del Big Bang, pero negar unos no significa negarlos todos: podría haber expansión del universo sin materia oscura ni energía oscura, aunque eso dejaría cojo el modelo estándar en muchos otros aspectos que no tendrían fácil explicación. Y podría ser que el universo fuese estático y no hubiese expansión, no es algo totalmente inconcebible, aunque desde luego ello requeriría buscar soluciones y explicaciones más complejas. Insisto: yo no niego, solo cuestiono.
¿Estamos lejos entonces de contar con unas teorías globalizadoras, como la teoría de Gran unificación (GUT, por sus siglas en inglés) o ToE (‘Theory of everything’), que expliquen todo lo que conocemos en el universo?
Eso parece. Los físicos teóricos llevan varias décadas intentándolo, pero sin buenos resultados por el momento. La teoría de cuerdas, en la que se han invertido más esfuerzos para llegar a una teoría unificada, está hoy en día en un callejón sin salida, según cuentan los expertos.
¿No tiene la cosmología unos márgenes de especulación muy grandes? ¿Podemos considerarla como una ciencia cuyos campos de estudio son todos “terrenos escurridizos”, en sus palabras?
Eso es lo que yo pienso, que hay aquí mucha metafísica disfrazada de rigurosa metodología científica. En mi opinión, la cosmología, aunque maneja elementos científicos -no es una pura especulación, ni una fantasía mitológica-, contiene elementos ideológicos también, ideas felices que cuentan con escaso soporte empírico-observacional.
También plantea que la comunidad científica está llena de investigadores ortodoxos y conservadores, “muy domesticables”. ¿Eso es lo que predomina hoy en la clase científica? ¿Usted se considera un científico heterodoxo, un disidente de la ciencia, de la categoría de los crackpots o 'chiflados'?
No me considero parte de ningún grupo: soy un escéptico, no defiendo ni los dogmas estándar ni los alternativos. Tampoco tengo ninguna teoría propia. Lo que predomina en la clase científica en la cosmología es claramente el modelo oveja/ganso, seguir a los pastores del rebaño por una cuestión de creencia en su autoridad; y también por una cuestión pragmática de poder sobrevivir en el mundo de la investigación, pues es muy difícil conseguir dinero para un tipo de investigación heterodoxa.
¿Es difícil en la actualidad desafiar la ortodoxia científica de los paradigmas dominantes?
Sí, sí lo es. Ciertamente, hoy no queman en la hoguera a nadie por hereje, pero es difícil desarrollar un pensamiento original en la ciencia, porque el sistema, la mayoría de los colegas, se opondrán a ello. También hay que decir que los científicos estamos hartos de ‘amateurs’ que nos hacen llegar sus propias teorías cosmológicas, con ingenuas apreciaciones que no tienen ningún valor intelectual. Eso hace que paguen justos por pecadores y, si hay algún genio entre la turba de miles de vanidosos ignorantes que abundan por doquier, será difícil que le hagan caso, y será difícil encontrar y separar la aguja del pajar.
¿El sistema de peer review (revisión de artículos científicos por parte de otros compañeros del mismo campo) puede estar corrupto o ser corruptible?
La palabra ‘corrupción’ no me parece la más apropiada. Hay algunos casos, sí, de malas prácticas intencionadas, de árbitros que rechazan publicar algo por su propio beneficio. Sin embargo, el problema general del peer review no es éste. El problema, en mi opinión, es que se tiende en general a eliminar las ideas demasiado rompedoras. Hay una especie de conservadurismo científico por el cual se prefiere publicar artículos que están siempre mareando la perdiz con las mismas ideas, con la seguridad de que eso funciona, y hay muchos árbitros, no todos, en las revistas más importantes que rechazan automáticamente cualquier intento de decir algo en discordancia con los estándares.
En su libro A contracorriente denuncia la altísima especialización de investigadores “mediocres y serviles”, la explotación industrial de los estudiantes doctorandos, “esclavos” u “obreros de la ciencia” que realizan las tareas rutinarias, la valoración de las publicaciones científicas por su número, “al peso”, no por su calidad... ¿Este panorama es el predominante en los centros de investigación e instituciones científicas? ¿Solo en España o también fuera? ¿Cómo revertirlo?
Todo esto se da. ¿En qué medida? Es muy frecuente, no son rarezas. Cuantificar la proporción de los casos en que esto se sigue o no requeriría un estudio sociológico que no se va a realizar porque es política/académicamente incorrecto. Y no es un problema exclusivo de España, es global. ¿Cómo revertirlo? Es la misma pregunta que uno se puede hacer sobre los problemas políticos y económicos de la sociedad, ¿cómo revertirlos? Creo que todo problema de organización social tiene algún tipo de solución, y muchos pueden tener en mente algún tipo de utopía en lo que se refiere a cambiar el sistema de la ciencia, o también de la sociedad. A mí se me ocurren algunas medidas. Pero no basta con tener una idea, hay que aplicarla, y ello significa enfrentarse a muchos estamentos de poder. El que tiene poder no quiere soltarlo. Eso es algo que se ha repetido constantemente a lo largo de la historia de la humanidad.
La ciencia hoy mueve mucho dinero y estatus. Hay muchos sumos sacerdotes subidos en su altar a los que no les interesa cambiar el sistema. En cualquier caso, creo que no hará falta derribar ningún sistema, tanto el actual sistema científico como el actual sistema capitalista irán erosionándose con el paso del tiempo y se caerán por su propio peso.
Y esta crisis no tiene que ver con la actual crisis económica y financiera...
Todos estos problemas en la ciencia vienen de largo, de las últimas décadas, aunque se han ido agravando últimamente. La crisis económica de 2008 es más reciente. El sistema de la ciencia tiene algún reflejo de los modos políticos y económicos en nuestra sociedad, no son entes aislados, y por lo tanto los modos de hacer de unos y otros se reflejan en las distintas áreas. De hecho, el modo de hacer ciencia hoy en día tiene mucho del sistema capitalista y democrático: la valoración de la ciencia en cuanto a la cantidad de publicaciones o los retornos económicos, el crear puestos de trabajo aunque sea para hacer cosas inútiles, el dejar que las mayorías impongan sus criterios sobre lo que es o no correcto... Y se dejan de lado las ideas más nobles de una ciencia de acercamiento a la verdad, de contemplación de la naturaleza...
El Big Bang es la mejor teoría que tenemos a día de hoy para explicar el universo como un todo, pero eso no significa que sea la descripción definitiva
Indudablemente, la crisis económica afecta al ritmo de la ciencia. La ciencia en las últimas décadas le ha seguido el juego a la economía, y prácticamente no se producen avances importantes sin importantes inversiones de capital, con lo cual toca ahora frenar el ritmo. En mi opinión, esto puede ser una oportunidad para cambiar los modos de producir ciencia; quizá, con poco dinero, los científicos aprendan a pensar más en vez de dedicar su tiempo a conseguir subvenciones.
¿Quiénes son los “astropolíticos”? ¿Y las “supervedettes”?
En uno de los artículos de A contracorriente hablo de los “astropolíticos” para referirme a mis colegas astrofísicos que dedican más tiempo a la gestión y a la política científica que a hacer investigación, algo muy frecuente entre los investigadores con plaza fija. Metafóricamente, comparaba con “supervedettes” a unos pocos de ellos que están usualmente figurando al frente de sus equipos de trabajo, destacando en la escena tal que “supervedette” entre las “vedettes” de una revista musical.
Ha dicho que si hiciéramos caso a los medios de comunicación parecería que se produce una revolución científica continua. ¿Cree que se están difundiendo mal los contenidos científicos? ¿Cómo hacer una buena divulgación y separarla del marketing, la publicidad y la propaganda?
Sinceramente, creo que si cerrásemos unos cuantos periódicos, emisoras de TV, radio, etc. -no todos, solo el 95% más o menos-, haríamos un gran favor a la sociedad. En lo referente a la ciencia, opino que a la gente hay que enseñarle lo que es la ciencia y las cosas importantes que produce con un buen sistema educativo. El que quiera saber cosas de ciencia, que lea un libro de texto. Esa novelería que promueven los medios de comunicación entre los legos sólo sirve para llenarles la cabeza de pájaros, máxime teniendo en cuenta que la divulgación está en manos de periodistas y escritores que se dejan llevar más por la idea de producir un titular sensacionalista que por el rigor.
En el libro dais a entender que una mala idea puede llegar a ser aceptada de forma generalizada por el efecto Gold. ¿De qué se trata?
Se refiere al efecto de apantallamiento que produce la literatura citada por expertos y las reuniones planeadas por los comités científicos organizadores, así como a través de la distribución de fondos controlados por ‘clubes de opinión’.
Entonces, ¿la ciencia avanza o está estancada y no tiene futuro?
Ya lo decía Don Hilarión, el personaje de la zarzuela La verbena de la Paloma: “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”. El problema está en que esa barbaridad, esa barbarie del especialismo—como dijera Ortega—, lleva ya algunos siglos de andadura y amenaza con hundirnos a todos entre cantidades de conocimiento inmanejables. El problema está en que la ciencia es ahora un instrumento económico antes que el sueño de unos intelectuales. Le sucede a la ciencia como a la Iglesia: poco tienen que ver sus ideales con los de los primeros científicos o cristianos respectivamente.
Lo gordo de la ciencia ya está hecho, por mucho que hagan los periodistas para hacer creer en la ilusión de que la ciencia está más viva que nunca. La ciencia como actividad mercantil sí está en máximos, como una manifestación más del desarrollo de la tecnología, pero su espíritu lleva décadas en retroceso. Llegará un momento en que la ciencia no podrá avanzar por este camino de la tecnología porque es cada vez más cara, y se acabará también el negocio de la ciencia básica como creadora de puestos de trabajo. A las ciencias aplicadas, la ingeniería, la medicina y todo lo que huela a pragmatismo antes que al “saber por el saber”. El futuro es incierto, pero me parece que a medio-largo plazo, en pocas generaciones, es bastante probable una progresiva decadencia en el desarrollo de las ciencias puras, un ocaso de la era científica y, como no se solucionen los problemas económicos globales actuales, es probable que esa debacle llegue más pronto que tarde.

lunes, 31 de marzo de 2014

Un proyecto investiga sobre la toxicidad de las nanopartículas

Hay que ver bien lo que dicen, pero en principio leo lo siguiente en su Informe final:

Thus, our knowledge of nano-science leads us to following conclusions:

- Standard tests for toxicity of materials or chemical substances are not suitable for nano
materials. New test have to be developed

- Nano-science will help to develop new tests for nano-products

- Nano-products environmental and health impacts must be evaluated case by case.

- Present knowledge of nano-science tells us that in most cases nanoparticles will
agglomerate and or dissolve, and not act on humans or animals as nano-objects. (esto por ejemplo esta en contradiccion con el paper que se comento en este mismo blog)

- Precautionary principle is to be regarded from the point of view of the possible negative
impact of new regulations in the field of nanotechnology on citizens’ health and safety ,
since they may prevent to implement important new technologies.

Saludos,

Santiago


Extraido de La Flecha





La nanotecnología está llamada a ser uno de los motores tecnológicos esenciales de la transformación de la Unión Europea en una verdadera Unión por la innovación. Se le atribuyen unas posibilidades inmensas para la obtención de productos innovadores, desde mejores cosméticos y tejidos hasta avances en la preservación de alimentos.

Sin embargo, aparte de estas positivas ventajas, los nanomateriales artificiales (NMA) y las aplicaciones de la nanotecnología plantean también inquietud por sus posibles efectos en la salud y la seguridad de las personas y en el medio ambiente. Antes se carecía de estudios sistemáticos sobre los peligros de los NMA o de la exposición a los mismos, pero la comunidad científica europea se afana en los últimos años por remediar esta situación. Hasta la fecha se han completado o puesto en marcha en torno a 50 proyectos, amparados en el 6PM o el 7PM, dedicados al desarrollo de la nanotecnología y a la gestión de su seguridad. Estos proyectos han supuesto una inversión total de 137 millones de euros.

NANOFORCE es uno de esos valiosos proyectos. Concretamente, está centrado en la nanotecnología aplicada a la industria química. Sus responsables anunciaron recientemente los resultados de sus pruebas en laboratorios ubicados en Italia, Eslovenia y Polonia. Todos ellos investigaron la toxicidad de las nanopartículas empleadas en varios productos.

Veneto Nanotech, sito en Italia, estudió los factores de riesgo asociados a las nanopartículas incluidas en numerosos productos antibacterianos. Según sus indagaciones, el riesgo asociado a la exposición de un usuario durante una tarea de barnizado era muy bajo, sobre todo si se utilizaba una brocha. No obstante, el riesgo se elevaba al utilizar un producto de limpieza que desprendiera material pulverizado en un espacio interior. Científicos de la Universidad de Nova Gorica (Eslovenia) examinaron la toxicidad de las nanopartículas existentes en agua lixiviada procedente de pinturas. Según los resultados, la cantidad de nanopartículas liberadas de estas pinturas era mucho mayor en caso de inmersión si se compara con la acción de la lluvia o con una tarea de lavado. Por su parte, los socios polacos del Instituto de Física de Alta Presión (IHPP, Polonia) investigaron la toxicidad de un nanopolvo de ZnO sintético. Después de sus experimentos, el equipo determinó que no es adecuado extraer conclusiones sobre la toxicidad de las nanopartículas realizando pruebas simples de adición de estas a un medio.

NANOFORCE aspira a trabar vínculos entre las esferas científica y comercial en la zona de Centroeuropa, y por ello sigue un planteamiento extraordinario de interacción directa con entidades industriales, en concreto empresas químicas. En palabras de un representante del proyecto: «Nuestro objetivo general consiste en integrar en mayor medida la ciencia, la industria, las finanzas, la gestión y la regulación para lograr que las nanotecnologías aporten las ventajas previstas a las generaciones europeas de ahora y del futuro.’

NANOFORCE sólo representa una porción de la campaña europea en pro de la seguridad nanotecnológica. Está integrado en la agrupación sobre nanoseguridad (Nanosafety Cluster) constituida por la UE con el propósito de incrementar al máximo posible la coordinación y la colaboración en el seno de las investigaciones en curso dedicadas a este tema, siendo un ejemplo de ello el trabajo realizado por los integrantes de NANOFORCE.

Esta agrupación, que consta de proyectos tanto del 6PM como del 7PM, pretende aumentar lo más posible las sinergias entre proyectos que abarcan todos los aspectos de la nanoseguridad, incluyendo la toxicología, la ecotoxicología, la evaluación de la exposición, los mecanismos de interacción, la evaluación de los riesgos y la normalización.



viernes, 21 de marzo de 2014

Anticomunista, católico, golpista bem sucedido: conheça o cinema do Ipês

Esto me hace acordar a como se maneja alguna gente aun hoy en la actualidad, lo de darle un nombre de arbol al instituto hace ver su poca originalidad...realmente patetica.

Abrazos, Santiago

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Conheça o cinema do Instituto de Pesquisa e Estudos Sociais, fundado em 1961, essencial na aceitação pacífica do golpe por grande parte da sociedade civil.

E é justamente para coordenar o pensamento e a ação de todos aqueles que não querem ficar de braços cruzados diante da catástrofe que nos ameaça, que é necessário criarmos um organismo novo, com uma mensagem nova para a nova realidade do Brasil de hoje. Temos uma finalidade básica: evitar que a difícil situação que o país atravessa venha a comprometer nossas instituições democráticas e tradições cristãs.


Esse discurso faz parte do vídeo, um curta-metragem documentário chamado "O que é o Ipês”, um dos quinze curtas (que se tem notícia) produzidos pelo Instituto de Pesquisa e Estudos Sociais, fundado em 1961. 




 Caio Hornstein e Rodrigo Giordano arquivo de youtube.com






O artífice de sua criação é o general Golbery do Couto e Silva. A ele se juntaram empresários e “democratas” que pretendiam “ver, julgar e agir em defesa da pátria”.

O nome do instituto vem da árvore tipicamente brasileira, a qual perde as folhas para florir novamente, simbolismo que evidencia a principal intenção do instituto: derrubar o governo legítimo para construir um novo país.

Como base teórica e prática, os fundadores optaram pela soma da Ata da Aliança para o Progresso, projeto de Kennedy que consistia em apoio financeiro americano para evitar o avanço comunista em países da América Latina, e os princípios da Encíclica Mater et Magistra (Sobre a recente evolução da questão social à luz da doutrina cristã), escrita em 1961 pelo Papa João XXIII.


O verdadeiro princípio do Ipês, no entanto, era construir, a partir de incentivos financeiros estrangeiros e do empresariado local, um aparato ideológico de comunicação a fim de afastar o perigo comunista, derrubar as Reformas de Base propostas por João Goulart e conseguir o apoio civil na troca por um governo que garantisse a manutenção da ordem e da propriedade privada.

Na fundamental obra 1964: A Conquista do Estado, o autor René Armand Dreifuss aponta que “o que ocorreu em 1964 não foi um golpe conspirativo, mas sim o resultado de campanha política, ideológica e militar travada pela elite orgânica, centrada no complexo Ipês/IBAD.” O Instituto Brasileiro de Ação Democrática (IBAD) era uma organização anticomunista, fundada em 1959.

Em conjunto com o Ipês, visava fazer oposição ao governo através de propaganda em todos os meios de comunicação possíveis. No entanto, foi dissolvido em 1963, após CPI que apurou o financiamento do instituto a partir de fundos de origem estrangeira sem autorização. Entre as empresas que desviavam dinheiro para o IBAD estavam Texaco, Shell, Esso, Bayer, IBM, Coca-Cola, General Motors.

Em seu livro Propaganda e Cinema a Serviço do Golpe, Denise Assis aponta que 70% das doações feitas ao Ipês tinham origem nas seguintes empresas: Listas Telefônicas Brasileiras, Light, Cruzeiro do Sul, Refinaria União e ICOMI (Indústria e Comércio de Minerais). Estava posto, portanto, o suporte financeiro para a produção do material de propaganda ideológica. Documentos, seminários, livros, filmes, espaços no rádio e na TV: o Ipês se utilizou de todos os meios possíveis para fazer chegar sua mensagem à sociedade.

Os diretores do instituto consideravam o cinema a mais forte fonte de propaganda da época. Foi elaborada, então, uma comissão composta por ensaístas, escritores e intelectuais com o intuito de produzir roteiros para os filmes que levariam ao público a posição do Ipês em relação ao contexto político e social brasileiro da época. O fotógrafo francês Jean Manzon participou ativamente das atividades de produção e direção de vários curtas do Ipês, assim como o produtor Carlinhos Niemeyer, inventor do Canal 100. O escritor José Rubem Fonseca revisava os roteiros. Como é possível ver no vídeo abaixo, o curta "A Boa Empresa", os primeiros filmes produzidos eram primordialmente voltados ao empresariado e ao operariado da fábrica, tratando de temas mais específicos, rechaçando a ação de greve (“traz prejuízo e angústia a toda coletividade”) e enaltecendo o empreendimento privado.

O cenário político e o aumento das tensões, porém, fazem com que os filmes passem a ser mais incisivos, passando a tratar de assuntos mais universais. A chamada do público para tomar algum tipo de ação é direta, mas qual ação seria essa especificamente fica apenas sugerido. No vídeo abaixo, o curta "O Brasil precisa de você", a manipulação barata da montagem coloca lado a lado Musolini, Hitler, Stalin e Fidel Castro.

A ideia era relacionar um regime de esquerda com o totalitarismo. No final, a mensagem é enfática: "O Brasil não pode esperar mais". A utilização do cinema como instrumento político era feita de forma padronizada. Os filmes são didáticos e informativos, sempre com uma voz over masculina (o locutor Luiz Jatobá), cujas explicações são ilustradas pelas imagens. A montagem é usada tanto para a criação de uma ideia de ameaça, quanto para uma imagem de harmonia social, dependendo do tema do curta.

 O Ipês tinha acerto com distribuidoras e exibidoras para que os filmes fossem exibidos em sessões regulares, antes de filmes estrangeiros. Além disso, todo material criado pelo instituto (filmes, panfletos, livros) era enviado para sindicatos, grêmios estudantis e empresas. A intenção era não só angariar simpatizantes à causa, mas formar de fato quadros conservadores nesses setores. E apesar de ter a burguesia e a classe média como alvos, os filmes também foram exibidos em favelas e bairros de periferia, onde era dada ênfase no caráter ateu do comunismo.

O Ipês concentrou suas atividades cinematográficas entre 1962 e 1963. Após o golpe, com a missão cumprida, os empresários não viam mais sentido em continuar bancando as produções do instituto. A pretensão inicial já havia sido conquistada: o apoio civil contra o governo e a organização da elite empresarial.

Em sua obra acima citada, Denise Assis aponta o Ipês como "a mais poderosa agremiação civil dos últimos tempos". Ela divide da opinião de Dreifuss, para quem a propaganda massiva elaborada pelo instituto pavimentou a queda do governo Jango. O Ipês foi essencial na aceitação pacífica do golpe por grande parte da sociedade civil e sua produção cinematográfica ajudou a construir as condições políticas para o levante militar de 1964.